OCACIONALMENTE ALGO INTERESANTE

viernes, 30 de abril de 2010

Intento Fallido de Poema 1

Rincón de los Relatos

Antes de irnos cruzamos miradas por un segundo, fue como ser atacado a metrallazos por sus ojos fusileros, implacables… no, no, ¡no! Otra vez con esa comparación simplona, asonante, comparar sus ojos con un arma. Arranca la hoja, un muñón y al basurero, hoja en blanco. Podría titularlo “Medusa” y hablar de su mirada congelante cuya potencia convierte mi cerebro en piedra, mi mente en roca, no puedo pensar, hablar, balbucear, nada mientras medusa me observa… “Medusa” la palabra es un problema, la detesto no por su sustantivo sino por su estética y un poema sin estética es como pisar excremento: suave para la planta del pie pero una humillación vomitiva del talón hacia arriba. Necesito un trago.

Trece pasos a la cocina. Suenan botellas de vidrio chocando. Se cierra el refrigerador y trece pasos de vuelta. La botella pierde volumen en cuestión de segundos. ¿Para qué escribo esta basura? Mejor le digo todo de una y ya, qué es lo peor que puede pasar. ¡Ah! claro puede pasar lo de Sofía que en cuanto le canté una prosa y solté el “todo de una” apenas la volví a ver un par de veces ¡Dios mío cómo me gusta todavía esa mujer a pesar del tiempo! Diecisiete pasos a la cocina. Menos escándalo de botellas. De golpe se cierra el refrigerador y diecisiete pasos de vuelta. Una más, debo olvidar este recuerdo de primera botella.

Aromas florales, belleza infinita, iluminación estelar, ojos oceánicos y otras perfecciones. Cada vez peor esto, pura basura, basura. El papelero se llena. ¿Tan difícil es inspirarse en ella? Es imposible reducir su belleza incluso en el verso más extenso. ¡Ah! una buena, a ver, a ver: Ni un millón de blancas palomas podrían emular la paz que siento cuando estoy cerca de ti. ¡Vaya cursilería! Cómo me encantaría ser fumador ahora y ahogar en alquitrán esas frases baratas de adolecente idiotizado.

Diez pasos, un descanso, diez pasos más y a la cocina. Ni un ruido de vidrio chocando. Se cierra el refrigerador ¿o no? Diez pasos de vuelta, un descanso, diez pasos de vuelta. Trinidad fermentada casi consumida. Apenas puedo hilar dos palabras, a lo mejor así resulta algo. Lanzar frases tratando de dar en el blanco a ciegas. Cuarteto de cuerdas, campos de frutillas, helado de menta, adoquines franceses, lluvias y acordeones… si no tomo otro trago caeré otra vez en lo obvio, vacía botella última. Dulce como la miel... ¡Maldita sea, ni siquiera es así! Un fósforo y a fumarme esa última hoja.

Dos pasos y a la cama. Boca arriba mirando un cable suelto donde solía haber una ampolleta. ¿Qué hora es? Qué importa la hora cuando pienso en ti. ¡Mierda! Esa no es mala y justo se me ocurre cuando me voy a dormir. Si al menos fuera agricultor para compararla con la flora y fauna o astrónomo para hacer un buen uso de las estrellas, mi profesión no permite nada, qué podría decir: “… Misteriosa belleza, incalculable como la superficie de una función infinita, algebra de mil incógnitas, poliedro irregular de aristas convexas” ¡qué porquería! daría mi vida por ser historiador y hacerte justicia con princesas medievales y musas griegas.

Horas pensando y terminé con nada o tal vez un par de frases de densidades dispares. Mientras me quedo dormido llego a la conclusión de que sólo tengo el título, es perfecto porque resume todas esas metáforas inexistentes, esas comparaciones mágicas escondidas en el sombrero. El título será tu nombre.

miércoles, 21 de abril de 2010

Travesía

Rincón de los Relatos

Sigo acostado a pesar de haber despertado hace rato, las luces apagadas y mi cama apoyada en el ventanal que hace de pared. Incontables estrellas y galaxias son suficiente paisaje para quedarse embobado, imaginando conexiones y formas y cuántas historias puedan florecer al observar lo infinito. - Nada más aburrido que estos viajes eternos - dice Valent estirando los brazos por tedio – la misma vista una y otra y otra vez te hacen pensar que no avanzamos nada – y en general termina maldiciendo o golpeando un objeto cercano.

Eso de “no avanzar”, eso es en realidad. Recorremos el espacio a más de 300 millones de kilómetros por segundo pero las estrellas están a una distancia inimaginablemente más lejanas y entonces se quedan ahí, pegadas ante tus ojos, mofándose del pobre intento humano por recorrer sus dominios. La diferencia del mundo estelar con el mundo humano, las estrellas se ríen de ello. Cada una espera su turno para moverse un centímetro en el firmamento mientras un peatón embiste la esquina contraria como un toro cegado por el rojo intenso, celebrando al final su éxito, aquellos segundos en que ganó unos metros mientras en un pestañeo las estrellas transfiguraron por siempre el universo. Y aún no se mueven.

La nave es inmensa pero no importa cual ventana escoja las estrellas son siempre las mismas, las ventanas son las mismas. Yo soy el mismo. Es una sensación única, destruida por la opacidad planetaria, la gravidez inmutable, la humanidad innegable. En un día se recorren constelaciones completas, cúmulos de conformismo, alteraciones múltiples sin tiempo para entenderlas, me convierto en un mecanismo con propulsores de velocidad crucero ¡clic, clac! tarea completada y un estallido destruye una galaxia que requería tan sólo una distracción sináptica para descubrirla, recorrerla, entender la magia de la energía conectada a nada.

Pero no acá, no mientras se atraviesa el espacio. Qué ganas de salir expulsado por la escotilla y quedar varado mientras en micromilésimas de segundo desaparece el último objeto móvil a la vista y soy sólo yo y la nada y las estáticas luces eternas y el tiempo comienza a seguir también ese ritmo y quizás respirar ese aire sin esencia sea el sentido de todo. Ya no necesito nada. Al fin sé porqué vivir.

viernes, 16 de abril de 2010

Dedicando Una Canción III: Amor a Distancia

Sección Hágalo Usted Mismo / Vitrina Musical

Ya hace mucho tiempo dejé casa, no llevaba más que una mochila, un par de latas de atún y un montón de canciones. Días y días viajando, día y noche caminando hacia delante sin tiempo para mirar atrás al lugar que había dejado. Pero sobre todo a ti, te extraño. No es justo estar tan lejos, sólo quiero tenerte cerca, poder besarte, consolarte cuando estás triste. Estos días tan distantes a ti se han vuelto un desperdicio consumiéndose lento envueltos en llamaradas persistentes. ¡Cómo te extraño! nuestros sueños durmiendo al fondo del mar, nuestros gritos perdiéndose en el vacío entre nosotros y así y todo te prometo, te amaré hasta el día de mi muerte.
Voy de vuelta a casa, las ruedas avanzan, los días se alargan y terminan inútiles sin ti.

Este relato es en realidad una canción y se llama "Dying Day" de Brandi Carlile y habla de aquellos amantes separados por las distancias de algún largo viaje iniciado hace mucho tiempo atrás. Canta de aquellos días que se hacen cada vez más largos sin estar cerca del otro y a pesar de todo la promesa se mantiene: amar hasta que la muerte nos separe.

"Dying Day" pertenece al último disco de Brandi Carlile llamado "Give Up The Ghost". El tema y otros del disco pueden escucharlo en su Sitio de MySpace y si no saben quién es Brandi Carlile seguro les suena el tema "The Story", su single más exitoso hasta el momento.

DYING DAY DE BRANDI CARLILE


I left home a long long time ago
In a tin can for the road
With a suitcase and some songs
Chasing miles through the night time
Making tracks with no time for looking back
To the place where I belong

How these days grow long
But I'm on my way back home
It's been hard to be away
How I miss you and I just want to kiss you
And I'm gonna love you till my dying day
How these days grow long

When your sad you know I wish I could be there
To make your sorrows disappear
And set your troubles free
It's not fair for me to be this far from you
But I promise to stay true, wherever I might be

Time keeps burning
The wheels keep on turning
Sometimes I feel I'm wasting my days
How I miss you and I just want to kiss you
And I'm gonna love you till my dying day
How these days grow long
Time keeps burning on
How these days grow long

Now I'm lost in a sea of sunken dreams
While the sound of drunken screams echos in the night
But I know all of this will come to pass
And I'll be with you at last forever by your side

How these days grow long
But I'm on my way back home
It's been hard to be away
How I miss you and I just want to kiss you
And I'm gonna love you till my dying day

Time keeps burning
The wheels keep on turning
Sometimes I feel I'm wasting my days
How I miss you and I just want to kiss you
And I'm gonna love you till my dying day
How these days grow long
Time keeps burning on
How these days grow long

martes, 13 de abril de 2010

A Mi Novia Le Gusta El Sushi

Rincón de los Relatos

Si existe algo que no tolero es el Sushi. Arroz comprimido alrededor de un pedazo de pescado o palta o qué se yo, servido frío y en rollitos muy cómodos para los palillos chinos. No sé qué me gusta menos: será ese sabor helado, amargo, un tanto ácido o quizás su consistencia ni sólida ni liquida sino una masa aireada y densa que la lengua le hace el quite y los dientes empujan hacia atrás para retirarla pronto. Pero es el favorito de mi novia. De esnobista que es o porque de verdad le gusta, la cosa es que le encanta.

Sin falta el fin de semana llego a su departamento y la encuentro en la cocina americana cortando pescado y triturando arroz. Trago un poco de saliva “otra vez ¿que acaso no sabe preparar carne, pollo, por último una ensalada?” y me sonríe porque está contenta de hacerme cariño con sus delicias culinarias. El maldito olor es insoportable, a peces latigueando el cuerpo tratando de respirar aire.

“Esta vez me quedó mejor que nunca cariño”. “Cariño”, es por esnobista estoy casi seguro. No tengo alternativa. Tomo con los palillos un rollito de centro verde y me lo trago entero de una sola vez. “Parece que tenemos hambre cariño” y de inmediato me tomo un buen sorbo de coca-cola. “Tanta coca-cola te va a hacer mal cariño” ya lo sé pero muchas alternativas no me dejas. Ni empapar el sushi en soya ni estamparlo en sal a hurtadillas mejora en algo su, si se puede llamar así, sabor.

“Tanto que te gusta el sushi, otra vez no dejaste ninguno cariño” un amigo me dijo que me acostumbraría al sabor y a la larga me terminaría gustando pero cada vez que termino de comer me dan ganas de echarme papas fritas a puñados ojalá embalsamadas en aceite para motor de camiones. No, esto ya no lo soporto: el pescado crudo, el arroz apretado, esa envoltura con pinta a escamas de lagartija, me dejan el resto del fin de semana con mi estómago convertido en un acuario repleto de criaturas molestas. Se lo diré.

“Tengo que decirte algo: la verdad es que me carga comer sushi” tal cual se lo dije y empezó el sermón porque nunca tanta suerte como para que sea una de esas historias que terminan: “a mí tampoco me gustaba sólo lo hacía por ti” y un montón de risas. “¡Pero y por qué no me lo dijiste, se supone que deberíamos tenernos confianza y…!” se me taparon los oídos y la miraba fijo mientras tomaba coca-cola a grandes sorbos para pasar el mal sabor. “¡y cómo yo te acompaño a tus películas de disparos y no reclamo nada!” y bla bla bla, ¡alguien que me salve! Supongo fue mi culpa haber terminado toda relación ese día.

No nací en un día 13 pero mi suerte es tal cual hubiera sido así. La primera vez que mi nueva novia me invita a comer y ¡zas! un sushi bar. “Ya sé que hacer” pensé y de entrada le dije “nunca en mi vida he comido sushi” así le diría que no me gustó y se acabó. Un garzón disfrazado de japonés nos trajo un par de bandejas con el suculento manjar y una vez más, palillos en mano derecha y el vaso de coca-cola firme en la izquierda. “¿Y te gustó?” y no lo podía creer “¡están maravillosos!” dije encantado y saboreando cada grano y cada escama del rollito nipón. “El secreto” decía ella “está en cómo cocinarlos”.

domingo, 11 de abril de 2010

Concursos Que Hubiera Querido Ganar Cuando Chico

Pasillo de Cine y Televisión

El Abre Y Gana De Super Mario:
De estos concursos habían un montón en su época. Juntar las tres partes de un premio con las tapas de yogurt se volvió deporte nacional y para los niños de entonces, ganar un Super Nintendo era lejos lo máximo que podía pasarte.


Hu, Hu, Hu, Hugo: Un programa de televisión que te permitía jugar a un videojuego a través de las teclas de tu teléfono. Ningún escolar de aquellos días no soñaba con jugar al Hugo y matar a la bruja mala del final. Tampoco nadie dejó de decir "¡oh, pero no sabe jugar! ¡yo hubiera ganado!". Recuerda: presiona cinco para conectarte al sistema.


Super Mario 3, máximo puntaje: Tres tipos competían en vivo en la televisión por sacar la mayor cantidad de puntaje. El premio: la ansiada máquina Super Nintendo. Por supuesto mirándolo desde ahora uno dice "le hubiera ganado por un millón de puntos a esos perdedores".


Concursos en Cachureos: Un programa que definió a toda una generación y con eso en vista ¿existió alguien que no quisiera participar en un concurso de Cachureos? Por ejemplo saltar en un traje de mosca velcrada y pegarse lo más alto posible en una muralla hecha de "papel para moscas". Todo por un par de zapatillas Dolfito.

sábado, 10 de abril de 2010

Sueños Corporativos

Rincón de los Relatos

Dónde vas. A trabajar. No, “dónde vas”. No lo sé. Para qué caminas si no sabes dónde vas. Tengo que hacerlo. Quién te obliga. Nadie. Y por qué vas. Qué otra cosa puedo hacer. Lo quieres hacer, eso es. Qué ridiculez nadie podría querer esto, quererlo de verdad. Eso quiere decir. Que me da lo mismo perderlo. Tanto así. Tanto así. Y por qué no lo dejas. No puedo. Quién te obliga. Es como la marea, te lleva donde su voluntad quiere ir. Intenta nadar, ahógate en última instancia. Nadie sabe nadar y ahogarse. Nadie lo sabe tampoco, entiendo.

No sé qué día es ni el mes ni el año. No tiene importancia, desde hace mucho que no la tiene. Es decir llevo años yendo y viniendo a la misma ridícula oficina, día a día oxidándose más y más y sin embargo está ahí metálica y reluciente como recién pulida. ¿Sueños? Todos los tenemos pero hasta eso se ha vuelto igual “Tener una bonita familia, linda casa, que no nos falte nada” ideales convergentes de la humanidad corporativa cuyos sueños se resumen a una fotografía en pareja, un par de niños y un perro de buena alcurnia.

A eso vas. Cada uno debe perseguir sus sueños. “El” sueño querrás decir. Lo reconozco. Porqué le llaman sueño a algo que no lo es. Necesitamos un sueño y dejamos de creer en los reales hace mucho. Cuáles son esos. No lo sé, viajar por las estrellas por ejemplo. Ridículo. Te lo dije.

Ahí viene otra vez la desquiciada de mi jefe. Solterona a los cuarenta, dicen que su casa está llena de gatos y plantas y que los trata como a niños. No es tan tonto después de todo mejor ese placebo a quedar a la deriva en la vida sin cumplir el gran sueño. Después de todo no está tan desviada, peor está mi colega al otro lado del cubículo. Solo y sin gato que le maúlle y ya pasó los treinta hace tanto. “Maricón debe ser” se ríe el pelado del cubículo de en frente. “Otra explicación no hay” me río con él porque eso de no tener familia, hijos y perros en esta época es de maricón o desquiciado.

Me suena a intolerancia. Al principio suena así. Y luego. Luego te das cuenta que si alguien no persigue sus sueños. “El” sueño. Eso, si alguien no lo persigue debe ser porque algo anda mal. Qué será. Para eso estamos acá: ir y venir del trabajo, criar una familia, hacer de tus hijos mejores personas que tú. Cómo puede ser eso posible. No entiendo. Bueno, tus hijos tendrán el mismo sueño que tú así que cuán más lejos podrían llegar. Estudiar más que yo, ganar más dinero que yo. Ah, claro.

“¡Muak!” mi cheque del mes, gracias al sistema por el día de pago. Es poco, siempre es poco pero ya saldré de esta pocilga y volaré a un trabajo mejor donde este pedazo de papel valga de verdad. Ahí va pasando la secretaría, pobre: más vieja que yo y mi salario pesa el doble si tiene suerte. “¡Aaaah!” aroma extraordinario a papel moneda entintado a cilindradas de cobre movilizando el motor de la vida. Mientras más denso más arriba te deja, mirando a los de abajo con displicencia y a los de arriba con envidia. Y vamos soplando el globo de helio a ver si llega un poco más cerca del sol.

Cómo puedes vivir así. Respirando, ya sabes, captando aire limpio y botándolo sucio.

domingo, 4 de abril de 2010

El Tiempo de Otros

Rincón de los Relatos

- ¡Al fin! ¡Lo he logrado Mark, lo he logrado! – el viejo estaba saltaba como niño y abrazaba a su ayudante con los ojos llorosos al finalizar el trabajo de toda una vida.

- ¡¿Está seguro doctor?! ¡tiene que estar totalmente seguro! – Mark se contagiaba con la emoción.

- ¡Lo podrás probar de inmediato! – anunció entusiasta, al borde de un infarto de alegría.

- No lo puedo creer, esto… esto debe ser lo más grande jamás creado – reflexionó el ayudante pasando del éxtasis a la calma de quien no lo entiende del todo.

- ¡Por supuesto que es lo más grande Mark! – el doctor se frotaba las manos y sonreía imaginando a sus colegas aplaudiendo su descubrimiento, celosos a rabiar.

- El secreto – el doctor relajó su ímpetu – el secreto era salirse de los paradigmas que por siglos nublaron a la humanidad. Nada de máquinas, esa era la clave – y entonces sostuvo entre sus dedos una jeringa con un líquido blanco y en extremo denso.

- Espero que sea seguro – Mark recordaba su situación de sujeto de pruebas.

- Nada puede ser más seguro Mark, te inyectaré el líquido directo al cerebro y entonces ocurrirá: serás el primer hombre viajero en el tiempo.

- Doctor, de nuevo, ¿cómo regresaré? – quería asegurarse de haber entendido bien cómo volver. Nadie querría estar atrapado para siempre en una época ajena.

- Es muy sencillo – el doctor dejó la jeringa en un recipiente refrigerante y se sentó a explicarle con calma una vez más – para viajar en el tiempo necesitas un huésped de la época: nadie puede viajar físicamente por el tiempo pero sí puede ocupar la mente de algún sujeto del pasado gracias a mi suero temporal. Por ahora sólo podrás ir al pasado y he cargado la jeringa con la cantidad de suero suficiente para llegar hasta el año 2000. Escucha y escucha con atención – el doctor agarró de los hombros a su ayudante y lo miró fijamente – la única manera de regresar es destruir la mente del huésped. Suicídate, quédate vegetal, conviértete en un imbécil, atrofiando la mente del receptor no será capaz de contener la tuya y de inmediato regresarás a tu cuerpo original – Mark recordó aquello y le surgió una duda preocupante.

- ¿Y mi cuerpo? Quedará inútil si me voy mucho tiempo – el doctor lo miró con la ternura de un sabio a un ignaro.

- No pasará ningún segundo, tu cuerpo quedará sin mente por un periodo tan corto que ni los aparatos más precisos podrían determinar. Bien, no perdamos más tiempo – reía el doctor retomando la jeringa. Ambos aprobaron con la cabeza y Mark descubrió su cabello a la altura donde la última vertebra se conecta con el cráneo.

El líquido entró y Mark sentía su cerebro apesadumbrado, el suero ahogaba sus pensamientos.

- ¡Fernández! – ni se movía - ¡FERNANDEZ! – y el aludido pestañó un par de veces con el sueño de dos noches acumulado. Su jefe lo miraba enrabiado.

- ¡Ya he tenido suficiente de usted Fernández, agradezca que no lo echo a patadas de mi oficina! – Fernández no comprendía del todo qué estaba pasando. Se miraba las manos y se tocaba el rostro como reconociéndose vivo. Miró su escritorio, su computador, buscó la fecha: 1º de Abril, 2010. "Increíble precisión" pensó con asombro. "¡Funcionó! ¡realmente lo hizo!" se puso de pie y sin pensarlo salió de la oficina a recorrer ese mundo tan lejano, re-explorado después de miles de años.

Observaba letreros, los leía una y otra vez. Todos en español y los entendía a la perfección sin nunca haber escuchado una palabra del idioma. Se observó en su traje elegante, sus conocimientos de impuestos y contabilidad lo inquietaban dado que su vida entera se la había dedicado a las ciencias físicas. Era una delicia, se sentía drogado, en un limbo narcótico. Su mente y la del huésped se mezclaban en una revolución química jamás experimentada.

"Oficina a las 8 de la mañana", "clases en la facultad a las 6", "la clave del computador: jfernandez", "la clave de la placapantalla: 778, luego el índice", "volver a evaluar las deudas, estructurar los pasivos", "una nave que aparece desde la atmósfera al espacio conservará su momentum". Una orgía mental de intercambio neuronal. Ambas mentes unían sus órganos en una serie de energéticos intercambios eléctricos que recorrían el cuerpo de Mark/Fernández con una suavidad estática incontrolable y placentera.

"Nunca olvides este consejo Mark: si esto resulta el tiempo se llenará de viajeros y es imperativo que sepas reconocer a otro viajero. ¿Cómo doctor?. El suero contiene un aditivo somnífero que está casi totalmente inhibido por el resto de los componentes. ¿Estaré siempre con sueño?. No, no, sólo reaccionarás ante un bostezo y si alguien bosteza te contagiará y también lo harás así que recuerda: si bostezas y alguien lo hace de inmediato es porque viaja en el tiempo".

Como por reflejo Mark bostezó. En ese momento caminaba por una tumultuosa avenida peatonal y entonces prestó atención a las personas. Quien estaba de inmediato a su lado también bostezó, y el de al lado, y el de enfrente, atrás, allá, acá, lejos, cerca, era una reacción en cadena ignorada pero que a Mark le pareció la más horrible de las pesadillas. "¿No se lo dijo a nadie más el doctor?" y se respondió de inmediato "¡claro! Se llevó el secreto a la tumba" y lo tomó como verdad.

Se detuvo en seco. Qué hacer, no se lo esperaba y tampoco quería volver. Fernández no quería atentar contra su vida, tenía familia, amigos, sueños, no podía siquiera pensar en algo tan estúpido como el suicidio. A Mark le temblaban las manos, estaba atrapado en un mundo de gente que vive en el pasado.

sábado, 3 de abril de 2010

Los Agujeros de Etivé

Rincón de los Relatos
Todos los invitados importantes ya habían llegado, ingenieros y políticos de todos los rincones de la galaxia estaban instalados en sus naves alrededor de la gran estación espacial cuya misión terminaba hoy. Una masa metálica amorfa y fría. Estacas sobresalían de su estructura callosa y cientos de cañones dispensados al azar apuntaban en grupo a diversos puntos.
“Hoy es el día en que la humanidad al fin conquista su sueño de reducir la galaxia a la palma de su mano”. El centro de control de la estación transmitía para todas las naves asistentes, sus ocupantes, para el resto de la galaxia. Una vez accionados los cañones generarían decenas de agujeros de gusano conocidos como los “Agujeros de Etivé”. Ellos serían capaces de transportar naves a cualquier punto de la galaxia según los mandatos de la estación. De resultar las distancias entre un lugar y otro pasarían de millones de años luz a cero.
“¡Cinco, cuatro, tres…!” los ingenieros se frotaban las manos recordándose en la posteridad, los políticos se frotaban las manos atribuyéndose el éxito. “¡Dos, uno…!” el cosmos retuvo el aliento. “¡Cero!” rayos invisibles fueron lanzados, decenas de esferas negras irrumpieron el vacío. El universo entero sucumbía ante aquellos apocalípticos destructores sin masa.
Lentamente las naves eran atraídas al centro de la anomalía indefinida, como una espiral a la muerte o quizás un destino peor y se acercaba no sólo para ellos: todo lo conocido sufría el mismo destino. “¿Qué hemos hecho?” se preguntaban unos a otros. De golpe los agujeros se convirtieron en voraces fieras sedientas de venganza y arrastraron todo a una velocidad que hizo retroceder el tiempo y entonces la alucinación.
En cinco segundos la humanidad vio pasar su vida completa antes de morir. Máquinas resoplando vapor. Las cintas de producción sacaban chispas y los hombres transpiraban aceite, admiraban, odiaban el bulto de engranajes. Los poderosos desde una ventana alta babeaban licor en honor a lo que escupían sus ensamblajes. Enormes, incomprensibles. Torres de metal y cristal rompían las nubes, un virus descontrolado se apoderaba de los cielos en una aceleración desbordante. Nadie lo entendía, cómo, cuándo, pero ahí estaban tan altas como las estrellas. La atmósfera del planeta se repletaba de misiles tripulados disparados hacia el espacio y a éste lo llenaban rápidamente de plataformas y chatarra, metales retorcidos y tecnología refulgente atribuida a los milagros del cielo.
Con un nudo en la garganta la humanidad recordaba su historia. De a poco la galaxia se llenaba de viajeros y colonos, expandiendo sus dominios porque sí, avanzando en tecnología cada vez más asombrosa y a la vez compleja e inexplicable. El universo se convertía en un pañuelo, en un mísero espacio vacío que las naves espaciales recorrían en unas cuantas horas impulsadas por la ingeniería de dios. No sé detenía, no había tiempo. Cada ser pensante de la galaxia sintió un fuerte dolor de cabeza, el vértigo de su evolución era insostenible.
Los Agujeros de Etivé convulsionaron entre ellos mismos y estallaron en un vórtice tragando hasta la última fibra de existencia. Todo lo que quedó fue el tiempo rotando sobre sí mismo, retorcido y desfigurado, desamparado pues fue lo que sobró luego de que todo existió.

jueves, 1 de abril de 2010

La Vaga de Frac

Rincón de los Relatos
Calles estrechas, adoquinadas, dispuestas al azar para perderse entre ellas. Ha terminado de llover hace poco y el día comienza su fase sin sol. Racimos de luces encienden y se desparraman en los pequeños charcos del suelo. La temperatura es perfecta para usar gabardina y jugar con el vapor del aliento.

Vaya magnetismo. Observas con esos discos imantados y convierten mi cuerpo en metal sin voluntad atraído por fuerzas innegables, imbatibles desde lo humano, mágico para la ciencia. Todo revive ahora con esa fuerza bipolar que levanta del suelo hasta la más miserable viruta de acero.
Un pequeño café se ha vuelto a armar en la calle, escondido hasta el arrecio pluvial. Me siento mirando hacia la vereda de enfrente. Nunca podría colocarme mirando a la pared, no hay sin sentido mayor que aquél de escoger granito en lugar del resto del mundo. Vuelven de a poco los caminantes. Turistas asombrados, amantes sin rumbo, mujeres de taco alto en la pasarela, señores con literatura cargada tomando café sin azúcar.
Ejercicio común se me ha vuelto recoger aromas y sentir sus formas, los olores se convierten en figuras y texturas. Cierro los ojos, apago las luces. Suave, forma indómita sin vértices ni aristas, un líquido dulce al tacto, dominante, capaz de hacer humo a la fragancia más sólida del mundo. Es un espectáculo deslumbrante sin ser luz, increíble sin ser divino.
Un par de vagos vestidos de frac se sientan en las escaleras del pórtico de una hostería atendida por una amable viejecilla belga. Uno lleva un acordeón que debió pertenecer a su padre, ella carraspea la voz con aires de lírica trotamundos. “La maigrelette promène son squelette” y lo acompaña con una mímica imitando un paso algo destartalado, gracioso, circense. Su voz es demasiado para una calle tan estrecha “debería estar en un teatro con un público sonriendo a destajo a pesar de ser docto” pensaba.
Y vaya delicia, no es que sea extraordinaria pero su voz tiene un encanto fuera de todo cliché. Nada de tierno ni encantador es un timbre imponente sin rasgar el aire, el cerebro no lo comprende y confunde la señal disparando químicos sin piedad, la sensación deja de ser sináptica. Vibraciones comprendidas en un diapasón inalcanzable, enloquece no tocarlo, no poder tomarlo con la mano.
Hacen una reverencia que nadie aplaude y se van sin mendigar, contentos por la recaudación obtenida. Bebo el último sorbo de mi café, el primero que realmente le tomo el sabor. Le dejo la cuenta al garzón que no se había movido de mi lado “bonita voz ¿no le parece?” y asiento con la cabeza mientras me pongo de pie para recuperar una ruta que no recordaba. “Bonita” recordé su mezquindad de lenguaje y me reía por haber exagerado la propina.