OCACIONALMENTE ALGO INTERESANTE

viernes, 31 de diciembre de 2010

El Invencible Equipo Virgo-Q

El Rincón de los Relatos

Visita el tag de Sofía Virgo para conocer sus aventuras pasadas.

El local afinaba los últimos detalles para lo que sería una megafiesta de fin de año, se despejaba la pista de baile, se nutria el bar aunque sin alcohol, el DJ ajustaba perillas y los técnicos probaban las luces. A varias cuadras de distancia los alumnos de los cuartos medios del colegio Santa Elena terminaban de cenar con sus padres, orgullosos de ver a sus hijos licenciados. Se despidieron en las puertas del restaurante y todos elegantes se preparaban para irse al local de la fiesta más esperada del año. Y cómo no, entre ellos estaban Sofía Virgo y su grupo de amigas y así de ansiosa también Evelyn Q y sus comadres.

A las 10 de la noche la música electrónica y las luces estrambóticas invadían la pista de baile y los gritos de júbilo y las conversaciones en voz alta, la tónica de la noche. La noche transcurría entre recuerdos de años pasados y promesas de nunca dejar de verse, las parejas se iban cansando y otras retomaban fuerzas y en un parpadeo ya eran las 3 de la mañana y a nadie le importaba, todos se irían cuando el alba despuntara.

En el punto máximo de la fiesta hubo un desorden repentino, se formaba un grupo justo al centro de la pista y contagiaba al resto hacia afuera hasta llegar a cortar la música momento en que Sofía Virgo, sentada en una mesa con sus amigas, puso atención a tan extraño fenómeno. De un salto corrió a ver lo que todos miraban y la imagen la dejó sin habla.
¿Cómo puede pasar algo así en una fiesta de licenciatura? – Sofía reconoció una voz que le hablaba al oído – Vaya tragedia – dijo Evelyn Q con un dejo de curiosidad perversa. Sofía entonces la miró con cara de sorpresa.
Vamos Virgo – le susurró – la policía se va a tardar unos minutos en llegar, no me digas que no vez esta oportunidad tan única – no podía actuar, no frente a Evelyn. Además tenía razón, era el caso de sus vidas.
A ver si lo logramos antes que llegue la policía – reconoció Sofía sus ganas de resolver el misterio.
¡Eso! – y ambas caminaron hacia el centro del círculo que se había formado en torno al macabro escenario de uno de sus compañeros sin vida en el suelo.
¡Guardia, supongo no ha dejado salir a nadie! – le gritó Sofía al hombre resguardando la puerta de salida el cual algo confuso por ser inquirido por una niña con voz tan decidida sólo atinó a asentir con la cabeza.
Bien, bien – respondió y volvió la vista a Evelyn que se agachaba como para tocar algo – no hagas nada extraño, recuerda no somos la policía.
No te preocupes, busco indicios de cómplices – a pesar de su apuro Evelyn se tomó el tiempo de contemplar el cuerpo – este es Jorge Pérez ¿de tu curso? – efectivamente, el cuerpo de Jorge Pérez estaba boca debajo de manos abiertas, con la cabeza de lado y los ojos blancos, un charco de sangre todavía con algo de vida cubría todo el sector de su cabeza – es una cuestión de olfato – le dijo Q a Virgo y entonces se agachó y con cuidado le olió la boca a la víctima. A pesar del terror todo el mundo estaba en silencio como viendo la escena de una serie de televisión sobre detectives.
¿Alcohol? – Evelyn asintió – bien, bien, supongamos que el motivo fue el alcohol – comenzaba Sofía a elucubrar de pie frente al cadáver mientras Evelyn seguía en cuclillas al lado de él.
Pero no por una riña ya que no hay golpes visibles salvo el balazo claro –
Porque es obvio que es un balazo pero fuera de cómo llegó un arma aquí el tema es que debió ser un juego de borrachos –
Claro, algo así como la ruleta rusa, cuesta creerlo sin embargo tampoco pareciera que estuviera en un estado ebrio deplorable –
Esto es algo que salió mal, muy mal – la observación era más evidente viendo que el tiro era casi de frente.
¿Te falta algo no? – Evelyn preguntó a Sofía.
Ciertamente, el que haya intentado dejar esto como una especie de suicidio no pudo ser más ingenuo – e inspeccionó a todos los espectadores con la mirada de quien busca un culpable pero nadie se movía, estaban congelados entre el pánico y la incredulidad.
Pero esto la policía lo vería de inmediato, debemos llegar un paso más allá Q –
¿No te parece gracioso ver a todos nuestros compañeros tan formales? Bonitas corbatas, elegantes camisas, chalecos de buena marca y chaquetas de sastre – parecía que Evelyn se comunicaba en clave con Sofía quien por cierto entendía cada palabra. La química investigativa entre ellas llegaba más lejos que la comprensión de cualquiera de sus compañeros y ambas lo disfrutaban en ese momento a pesar de la tragedia que envolvía el asunto.

Vaya tontos al traer un arma a una fiesta de graduación – lamentaba Sofía mientras indagaba el planteamiento anterior de Evelyn observando más agudamente a todos los presentes.
Me fijé no sólo en la buena fachada del local amiga Virgo, ¿notaste también el perfumado jabón de los baños? –
Es cuestión de olfato como dijiste, seguro no sólo servirá tu premisa para delatar a nuestro alcoholizado occiso –
Debieron pensar que estaba demasiado ebrio, el ron y la coca cola pueden causar mareos ya a la segunda ronda – Evelyn y Sofía miraron el cuerpo al unísono y no pudieron evitar sentir algo de lástima y horror. No era fácil verlo con el estómago sobre el suelo, los brazos en forma de cruz, el rostro pálido y ensangrentado y la sangre que siempre provoca espanto.
Es algo terrible – lamentó Sofía.
No sé cómo se va a zafar de esta –
Y no quiso hacerlo, pienso que no se esperaba un arma cargada – dijo Sofía mirando a Evelyn a los ojos, concluyendo algo más allá de lo que se decían.
¿Escuchas las sirenas? En este momento el pobre debe estar acordándose cuando se dio cuenta que Jorge no estaba tan ebrio – señaló Evelyn corroborando su teoría con Sofía.
Debió ser espantoso. ¿Crees que tenga el arma consigo todavía? – preguntó Virgo en voz alta justo cuando entraba la policía al local y se acababa la fiesta definitivamente para ella y su compañera de investigación que se puso de pie y caminó hasta estar junto a Sofía.
Si tuviéramos más tiempo te diría dónde la tiene –

La policía entonces hizo su entrada y se limitaron a preguntar si alguien había tocado el cuerpo a lo cual todos respondieron negativamente y se pusieron a indagar a la víctima. Sofía y Evelyn permanecían un poco más adelante que el resto de sus compañeros sin que la policía las notara. Cuando se decidieron a levantar y dar vuelta el cuerpo Sofía habló.
Mira la camisa – le indicó a Evelyn en voz baja.
Teníamos razón, coca cola sin duda aunque no sin algo de alcohol – respondió también en susurro.
Ahora que veo mejor no veo nada de vidrios quebrados – notaba Sofía casi lamentando no haberlo visto antes.
Debo confesar que tampoco lo había notado – apoyaba Evelyn aunque orgullosa advirtió – pero todavía no buscan al cómplice con la mirada.
Diría que ya lo hicieron en su defensa pero no puedo no estar de acuerdo – se alegraba también Sofía. En ese momento uno de los policías las interrumpió.
¡Ustedes dos! Hace rato se secretean ¿saben algo y no nos quieren decir? – y en vez de asustarse por el acoso policial, Sofía y Evelyn se miraron sonrientes y le hablaron al policía.
Bueno algo sabemos – hizo entrever Evelyn Q.
Pero queríamos verlos trabajar – confesó Sofía con un dejo de burla.
Tienen que decirnos de inmediato si vieron algo, si escucharon, cualquier cosa – y esa pregunta les causó tanta satisfacción que involuntariamente soltaron una carcajada que molestó al policía.
¡Niñas! ¡les advierto que esto no es un juego! – se enfureció el oficial.
Disculpe – dijo Sofía – lo que pasa es que antes que llegaran nosotras tuvimos la oportunidad de hacer nuestra propia indagación –
Y les aseguro – continuó Evelyn – que sería todo más fácil si le preguntan a la persona que efectuó el disparo. El policía que las interrogaba mostró sorpresa y los otros dos que estaban indagando el cuerpo ahora sí prestaron atención y uno de ellos quiso saber.
¿Ustedes vieron al autor? –
No, ninguna lo vio – confesó Sofía.
¿Entonces? –
Bueno con observación y –Sofía le guiñó el ojo a Evelyn – algo de olfato creo que sabemos qué pasó, quién lo hizo y cómo probarlo. Los policías en un inicio confusos vieron a las investigadoras improvisadas tan seguras que no les quedó opción.
¿Me están tratando de decir que ustedes me pueden explicar todo lo que pasó acá y sin embargo no vieron nada sino el cuerpo ya muerto? – Sofía y Evelyn se miraron orgullosas.
Podemos explicarlo todo excepto dónde está el arma – dijo Sofía.

En tan sólo unos minutos de rápida observación Sofía Virgo y Evelyn Q parecen seguras de cómo han sucedido los hechos. Tienen una clara teoría sobre cómo ocurrió el hecho, además están seguras de haber identificado al supuesto culpable y con algo de creatividad más que investigación real hasta han podido crear su versión del porqué pasó todo. ¿Cuáles son los indicios que delatan al culpable? ¿Será verdad que pueden reconstruir todo lo que en realidad pasó?

Partamos por qué fue lo que pasó – planteó Sofía dominando la situación – apenas vimos el cuerpo lo primero que hicimos fue analizar la posición del cuerpo, supongo que ya que lo dieron vuelta se habrán formado una teoría –
Pero diré la nuestra igual – dijo Evelyn – verán, el cuerpo estaba tendido boca abajo con las manos abiertas, como una cruz. Es cosa de reconstruir las posibilidades: te disparan en la cabeza y cierto, puedes caer de cualquier manera, pero los brazos abiertos – calló un segundo para dejar a su amiga continuar.
Eso sólo indicaba que Jorge cayó hacia adelante cayendo en el cuerpo del perpetrador. Este pudo haberlo esquivado o sabiendo lo que hizo lanzado hacia un lado, en realidad aun pudo haber caído en cualquier postura pero – y Sofía recordó que esta parte le correspondía a Evelyn Q.
Jorge tenía aliento a alcohol, clandestino por supuesto y compartido con el victimario por lo tanto éste lo abrazó pensando que caía por ebrio y al darse cuenta de la verdad lo soltó aterrado, echándose hacia atrás y dejando caer a Jorge. Esto por supuesto es una posibilidad – cierto reconocía Evelyn en su mente pero estaba segura de la lógica innegable de su argumento.
A ver muchachas – quiso detenerse el policía – es un relato interesante pero eso implicaría que el asesino no se dio cuenta que le disparó y si ven el cuerpo tiene un balazo en la frente. Me parece inverosímil este último punto –
Supongo se necesita algo de creatividad para resolver eso pero si lo analizan bien se darán cuenta cuán posible es nuestra teoría, Virgo – Evelyn le daba el pase a Sofía, se divertía cómo nunca y en el fondo no podía creer que involucrara a Sofía de su lado.
La pregunta más importante para resolver su pregunta es la siguiente ¿por qué traer un arma a una fiesta cómo esta? Admito que un asesinato premeditado cae dentro de las posibilidades pero por mucha la estupidez del asesino, matar a su víctima en medio de una pista de baile con decenas de testigos posibles es ridículo. Piensen en todas las posibilidades, esperar a finalizar la fiesta, ir juntos al baño, salir a tomar aire o a fumar fuera del local, con Jorge algo ebrio además hubiera accedido a cualquier petición más fácilmente – nada le gustaba más a Sofía, sacar estas conclusiones tan lógicas de tan poca información.
Suponemos lo más probable se trate todo de una jugarreta de adolecentes idiotas- sentenció Evelyn – debe ser algo tan estúpido como que el culpable le sacó la pistola a alguien de su casa, supuso que estaba descargada y se pusieron a bromear con ella. De esto no estoy segura, al menos yo, pero es algo que puede responder el culpable – sonrió Evelyn – estando seguras de la parte de los ebrios, del disparo no intencional, del abrazo antes de caer, la trama indica que victimario tuvo que deshacerse lo más rápido posible de cualquier evidencia –
Lo que incluye – contó Sofía – no sólo el arma sino la ropa que le quedó manchada de sangre. Imaginamos entonces la situación: rápidamente el horrorizado culpable corrió al baño, se sacó la camisa, se limpió la cara, las manos, cualquier indicio de sangre debía desaparecer, por lo tanto la persona que disparó no tuvo tiempo ni espacio para huir porque el guardia bloqueó la puerta – Sofía estaba emocionada, su primer asesinato real era por lejos lo mejor que le había pasado y al mismo tiempo algo culpable se sentía por no lamentar profundamente la muerte de su compañero de curso.
Así que si me permiten – dijo Evelyn Q caminando y mirando a sus compañeros a los ojos uno por uno– sólo quisiera hacer una última prueba- se acercó a Tomás Durán que veía todo en primera fila – vean – les dijo a los policías - ¿con chaqueta y chaleco a pesar del calor de este lugar?- le dijo a Tomás quien no se mostraba para nada nervioso – ¿puedo ver tus manos? – sin titubear Tomás sacó sus manos de los bolsillos del pantalón- sin rastros de sangre como pensé y entonces agachó la cabeza a la altura de las manos de Tomás y les tomó el olor-
¿Y? – preguntó Sofía.
Qué crees tú – respondía Evelyn triunfante.
No entiendo… - alcanzó a balbucear el policía.
Es tan sencillo que da risa – dijo Sofía – tanto yo como mi compañera notamos el apestoso pero persistente aroma de los jabones del baño. El asustado Tomás debe tener el rostro también perfumado – Evelyn hizo el gesto de querer comprobarlo.
¿Es necesario? – le dijo a Tomás. Aterrado sólo atinó a salir corriendo empujando a varios de sus compañeros y los policías y el guardia lo atraparon al instante.
Estoy estupefacta amiga Virgo, esto salió perfecto – Evelyn Q no se liberaba de la emocionante tensión.
Evelyn, nosotras sí que no podemos dejar de vernos después de esta fiesta – reconoció Sofía.
Vamos a poner una agencia de detectives privadas, seríamos un exitazo – reía Evelyn aunque le duró un par de segundos al ver que el resto de sus compañeros estaban apenados por todo lo que había pasado.
Esto que ha pasado es terrible – reflexionó Sofía ya más calmada.
Pobre Tomás de esta no se va a salir tan fácil – Evelyn miraba por la ventana del local cómo se llevaban al culpable en un auto policial.
Tonterías como esta deben pasar todo el tiempo Q – Sofía veía con tristeza cómo metían a Jorge en una bolsa ploma tamaño humano.
Lamentablemente cierto -  

miércoles, 29 de diciembre de 2010

C'est La Vie Sans Paris

Desván Para Pensar

NOTA: Últimamente he sentido uno de esos impulsos para escribir, una especie de necesidad, la sensación de tener mucho que decirle al papel y siendo sincero es demasiado ocasional momentos como este. Así que me senté en una banca cerca de la oficina, en esa oportunidad, con estas ideas grandiosas sobre París y pesimistas sobre Santiago dando vueltas en mi cabeza y me desahogaba escribiéndolas con un lápiz recién comprado. Después de eso vino la verdadera reflexión, de esas temibles que deja pasar el subconsciente por error y ahí, congelado con esa idea tan real, tan innegable y reveladora no tuve otra opción salvo la sinceridad y el reconocimiento de una verdad molesta y poderosa. Así, sin modificarle nada salvo algo de ortografía, esto es lo que salió.

C'est La Vie Sans Paris

El único remedio para la nostalgia de París es recordar que me la traje para siempre en mi mente y puedo revivirla con un papel blanco y un lápiz de un euro con diez y cómo no, ayudar a la memoria con música en francés no está de más. No importa estar tan lejos, así se recuerda mejor que nunca como si al estar allá me hubiera dedicado a recogerla y ahora a disfrutarla de verdad a pesar del sol santiaguino en la cara filtrado por partículas de suciedad y con el Mapocho tan cerca, esa desgracia fluvial tan de éste lado del mundo que da asco sin olerlo, sin mirarlo ¡Qué desgracia! ¿Por qué estoy aquí? C’est la vie sans Paris, llena de recuerdos maravillosos, las calles, los aromas, los cafés, la Eiffel, el francés, he viajado a muchos lugares pero ninguno como París, ninguno al cual quisieras de verdad volver y quedarte por siempre ¿qué será? y a veces creo que es todo. Mi querido Santiago sin personalidad ¿qué identifica a esta ciudad? su nada, no nada sino su nada, su falta de grandeza, de orgullo, de calidez, de verde y azul, de romanticismo, de magia, un sombrero de mago sin conejo.

Nunca antes lo había sentido, esto de que no hay nada aquí para mí salvo un avión esperando llevarme a París sin regreso y lo que no sé es qué va a pasar. ¿Seguiré reviviendo Francia en mis escritos? “Caminando de les Invalides à la tour Eiffel por las pequeñas y laberínticas calles, plazuelas al azar en las esquinas, los cafés y sus sillas mirando a la calle, sus estrechas veredas, hace un frío seco y comienza a nevar, copos delgados a los que el viento no deja llegar al suelo y tengo a la vista la torre y la nieve y el frío ¡C’est la vie avec Paris!

En una reflexión desde lo más profundo del yo mismo, tal vez se trata de encontrar París esté donde esté, tal vez la conozca, tal vez sea la amiga de un amigo, a lo mejor una compañera de oficina. Nada de cerrar los ojos y construir la tour Eiffel en medio de Santiago o imaginar cruceros atravesando el Mapocho pensando en La Seine. La Vie Sans Paris es y no es una metáfora, quizás debería mirar a esa mujer a los ojos y confesarle que en ellos veo a la ciudad luz y entonces comenzará a nevar a pesar del sol, se escuchará el francés en las calles y los cafés y sus mesitas florecerán. Estoy seguro y reconocerlo, eso sí no es como París, reconocer que te falta el amor está tan pasado de moda como los sombreros de copa, tan patético como un payaso que no hace reír. Pero para mí la vie sans Paris es casi insoportable y si tuviera el valor hoy mismo cogería un Air France a París, hoy mismo declararía a esa mujer con París en los ojos ¡¡La vie sans toi est comme la vie sans Paris!! Haz que caiga nieve, haz que aparezca la Seine que yo nunca dejaré de quererte, de recorrer tus plazas, de beber en tus cafés, de extrañarte cada vez que me recuerde bajo la sombra de la tour Eiffel.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Los Muros de Berlín

Desván Para Pensar

Europa de vacaciones. Cuando alguien te dice esa frase de manera automática vienen algunos nombres a la mente: Madrid, París, Londres, Venecia, Roma, y unos cuántos otros. Pero qué hay de Berlín, la capital alemana. Un cuestionario rápido y pocos son capaces de decir algo sobre esta ciudad, algo que ir a ver porque está empañada de los recuerdos del pasado, de su historia del siglo XX, Hitler en el Reichstag, los bombardeos de la década del 40' y la muralla que dividía al mundo en dos. ¿Cómo está esa ciudad hoy en día? y porqué no, fui a visitarla.

Mi hotel quedaba cerca de Alexanderplatz donde se pueden admirar obras de la época de la Alemania del Este como la Torre de Televisión (Der Berliner Fernsehtrurm) y el Reloj Mundial. Caminando hacia mi hotel se veían edificios con largas filas de ventanas y de un aspecto abandonado, daba la impresión de haber sido construidos para reducir la cesantía una medida típica de otros tiempos. París, Bruselas, Ámsterdam, Oslo, después de estar en todas estas bellas ciudades con arquitecturas tan cuidadas y maravillosas llego acá y es la fachada de una ciudad algo triste, desganada más bien, de hombres que caminan contentos pero mirando el suelo. Por otro lado tiene edificios que sobresalen en exceso como la catedral, la puerta de Brandeburgo, el Reichstag, la alcaldía, pero siempre te da la impresión que a Berlín le falta algo. Y lo que descubre uno es que en realidad lo que le falta es aprender a vivir sin ese algo.

El Muro se cayó hace 20 años y si lo piensan es muy poco tiempo. Pero no es como en mi querido tercer mundo, no, en Alemania no andan peleándose los del este y el oeste, todo lo contrario es gente amable y apacible a pesar de su lenguaje agresivo al oído. Les falta recuperarse de la pena de vivir divididos, de ser el centro físico de un mundo partido en dos. Saben que fue un error, en el DDR Museum, en el Reischtag, se nota lo saben. Esta conciencia, pensaba, debe ser la que hace a Alemania una de las naciones más poderosas del mundo, revivir ante todo como lo hicieron después de las guerras y ahora, caminar firmes hacia adelante. Frente a la puerta de Brandeburgo hay unas placas en el suelo que dicen "Berliner Mauer 1961-1989" grabadas en una placa parda y oxidada. La ironía es perfecta, Alemania está donde está porque ha derribado sus muros y acá en Chile somos lo que somos porque nuestros muros siguen tan altos y divisorios como siempre.

Vivimos en tantos Chiles divididos en dos, Plaza Italia, ABC1-C2, Santiago-Regiones, Izquierda-Derecha son tantos los Muros de Berlín que nos dividen exactamente en dos que avanzar se nos hace imposible. Plaza Italia por tomar uno de ellos es un muro que nos encanta, separa tan convenientemente las clases sociales que ninguna se tiene que topar con la otra así los flaites no vienen a vivir al lado de las casas de los cuicos ni los cuicos deben molestarse en pasar cerca de la casa de un flaite. ABC1-C2 (y el resto hacia abajo) es un muro alto, tan alto que el sol alumbra a sólo uno de los lados y así es como tienen el control de absolutamente todo y suelen pararse en lo alto de la muralla para lanzar mijagas de pan a los habitantes de las sombras. Santiago-Regiones, el centro y el olvidado, un muro que se puede atravezar en una sola dirección porque en Chile sólo se puede crecer si te pasas al lado de Santiago, todas las oportunidades parecen estar a un sólo lado. Izquierda-Derecha, lejos la muralla del absurdo porque es más bien la muralla de los Comunistas-Pinochetistas, así es de increible. Mientras Berlín derribó un muro todavía más divisor y lo han olvidado, acá han pasado los mismos años y no hay caso, la estupidez insensata nos ha derrotado. Todavía si no eres de izquierda eres pinochetista desalmado y si no eres de derecha eres un comunista resentido y después de visitar Europa y en especial Berlín ¡cómo duele ver a este país así de dividido! y con tanto, tanto rencor y odio.

Ricos y pobres, provincianos y capitalinos, pinochetistas y comunistas, si alguien todavía se pregunta si de verdad vamos a ser desarrollados el dos mil no sé cuánto les diré algo: nunca lo seremos, no con nuestros muros de Berlín todavía en pie, no con una sociedad sin duda dividida en dos y lo peor es que nadie las quiere tirar abajo. Los acomodados nunca la derribarán ¿por qué cambiar el mundo que tanto conviene? Los que quisieran derribarla nunca la derribarán porque les han quitado hasta el último de los martillos y por más que pateen juntos la muralla, del otro lado todos juntos apilan más y más ladrillos. Berlín puede no ser lo más impresionante de mi viaje a Europa pero me enseñó la lección más importante que aprendí allá: Chile nunca será como Europa. Ni como Estados Unidos, ni como Japón, siempre seremos el triste y estancado país de las murallas invisibles.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El Brindis de Los Vasos Llenos

Rincón de los Relatos

- Para ella no soy más que otro tipo en la oficina, se sabe mi nombre y ya.
- La carita compadre, yo creo que o te tomai algo más fuerte o te pegai una buena jalada – Carlos levantó la mano llamando al mozo, un flaco con cara de muerto y peinado engominado.
- Me tiene mal, no sé qué me pasa con ella, de verdad… un tequila socio y se trae unos limones y la sal -
- ¡Así se habla! Lo que es yo estoy harto de todo – Carlos miraba su vaso sucio, consciente pero indiferente. – Mi pega me tiene chato – confesó sin mirarnos.
- ¿Chato? Ya quisiera una pega como la tuya con buenas lucas – decía Alex con los brazos recostados sobre la mesa del bar mientras se ocupaba en jugar con los restos de cerveza esparcidos.
- Si pero me aburro viejo, no aguanto más te juro que me acuerdo de la oficina y me da sueño – y bostezó para reforzar su punto.
- Ustedes se angustian porque quieren – les dije finalmente tomando el sorbo de cerveza que me quedaba. – ¿Esta cuestión está sin gas o es idea mía?-
- Últimamente todo está sin gas –
- Y tú no… ¡ah, eso es, se pasó! – Alex se apoderó de la botella de tequila y nos rellenó los vasos mientras Carlos cortaba los limones con su propia navaja.
- ¡Un salud por nuestra vida de perros! – levantó Carlos su copa.
- Los perros no toman viejo –
- Por eso los hueones babean todo el día – reventamos de risa mientras chocábamos los vasos.
- ¡Aaaajjjj! ¡Qué rica esta cuestión viejo oh! –
- Deberíamos irnos a México a probar el verdadero tequila – dije mirando el vaso vacío como esperando que se llenara solo.
- Con qué ropa si nos gastamos todo en trago – dijo Alex llenándonos los vasos de nuevo.
- En eso tenís razón, pero no nos queda otra – agradeció Carlos la segunda ronda. - ¿y qué onda tú Darío? Te veo tomar pero no sé porqué –
- Esto es lo único que me motiva socio – le respondí mostrándole el tequila – todos los putos días me levanto a la misma hora, le veo la cara al mismo hueón en la pega, salgo cuando tocan la campana de salida, siempre a la misma hora y hasta el chofer de la micro siempre es el mismo pelotudo – miré a Alex y Carlos y parecía que teníamos ganas de llorar o de pegarnos un tiro.
- ¡Salud por Darío y su puta vida! –
- ¡¡Salud!! –
- Deberíamos hacer algo bien estúpido – Carlos apenas pudo decir esa última palabra.
- ¿Cómo qué?- preguntamos Alex y yo al unísono.
- Robemos un auto, un primo me enseñó cómo hacerlo –
- ¡¿Y para qué vamos a hacer eso hueón?! – le dije sin emoción más que la del licor.
- No sé, hagámoslo no más, te juro que si me levanto mañana y soy el mismo hueón de siempre me voy a volver loco – influidos por un curioso convencimiento le hicimos caso y salimos del bar derecho a buscar algún auto para robar como si se tratara de una travesura infantil. Carlos se tambaleaba con firmeza y miraba los autos uno a uno inspeccionando quién sabe si algo real o por dárselas de sabio.
- ¡Miren esto! – y abrió la puerta de un Tercel estacionado – no falta el pobre diablo ¡ya suban rápido! – Yo me subí de copiloto y asomado desde atrás estaba Alex. Carlos abrió un panel debajo del volante y en cuestión de segundos el auto hizo contacto.
- ¿Adónde mi caballero? – me dijo muerto de risa.
- ¡Siga a ese auto! – me sentía viviendo una película de acción. Y partimos.
- Vamos a la autopista a ver cuánto le sacamos – Alex sugirió y se aceptó por unanimidad. Llegamos en un pestañazo a la carretera y el Tercel no tardó en temblar a los 160. -¡Dale pisa fuerte si aguanta!- y deben haber sido como las 3 o las 4, no pasaba nadie -¡Mira cómo se ve pa’bajo socio!- Alex y yo colgábamos de las ventanas abiertas mirando el asfalto pasar. Estábamos fascinados hasta que nos interrumpió un sonido que nos cayó como bomba en la cabeza.
- ¡Los pacos socio, los pacos! – gritaba Carlos preguntando qué hacer.
- ¡Acelera, no dejes que te ganen! – le gritó Alex asomándose por la ventana de atrás.
- ¡Miren esto! – algo me molestaba en los pies y era una botella que rodaba entre asientos.
- ¡Por esta vida tan aburrida! – brindé con el vodka, ron, ya no sé, y como calculado me bebí un tercio de la botella aunque la mitad empapó mi ropa gracias al espectacular escape que protagonizábamos.
- ¡Yo brindo por esa ingrata… quédate quieto po’ hueón… que se hace la que le gusto pero anda con otro! – y se bebió su tercio.
- ¡Yo brindo porque la única emoción de la vida es con los pacos siguiéndote! – dijo Carlos pidiéndo la botella, Alex se la pasó y en el gesto de soltar el volante perdió todo el control del auto y  con cada golpe contra las barreras de contención gozábamos, era un parque de atracciones. Creo que finalmente nos volcamos justo en un paso nivel y caímos de cabeza en la pista inferior.

- Así que así fue. Creo que obtuvieron lo que querían – me dijo Camila. Hace tiempo la conozco pero nunca le había contado mi historia a diferencia de la suya que me la sé de memoria.
- Supongo que sí, fue un momento memorable – reconocí bebiendo un sorbo de agua de anís a modo de recordatorio.
- ¿De verdad era la única manera? – preguntó recordando mi frase antes de empezar la historia.
- Era la manera rápida, eso más el alcohol hacen la película completa –
- ¿Y pudiste saber qué pasó después? – ella nunca supo el final de su historia por voluntad propia. Hasta hoy se arrepiente.
- Pude verlo, claro- tomé mi último sorbo de anís y levanté la mano pidiendo otro – nada especial, estábamos los tres juntos en una ceremonia aburrida. La enamorada de Alex ni se apareció y creo que ninguno de los invitados iba por Carlos, a nadie le importábamos.
- Suena algo triste – dijo Camila tomándome la mano solidaria.
- No, no, da lo mismo eso – quedamos en silencio por largo rato hasta que ella rompió el silencio con una confesión nunca hecha.
- Sabes, me gusta estar aquí, en esta nada, en esta eternidad transitoria – ella tenía razón. Todos los días me recuerdo a mí y a mis amigos en ese auto, huyendo de los pacos, tomando la última botella de alcohol. Fue un momento maravilloso porque sabíamos que terminaba todo, el trabajo aburrido, las mujeres ingratas y la amargura del vaso siempre lleno “si el vaso siempre está lleno se pierde la diversión de vaciarle más y más ron” recuerdo las palabras de Carlos, o Alex o quizás fui yo.
- Aquí – le alcancé a escuchar a Camila – nadie espera nada de uno ni uno espera nada de la vida, eso es vivir y esto – dijo ofreciéndome un brindis – es anís.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Oslo, Al Polo del Otro Lado

Desván Para Pensar

"La temperatura actual es de cero grados" decía el piloto por los parlantes anuncio poco alentador dado que a las una de la tarde podías suponer que sería la máxima del día. Sobrevolamos toda la ciudad, pequeña para ser una capital y se notaba el frío y también su abundancia en árboles y prados. Ya al interior del aeropuerto todo estaba fácilmente señalizado, llegué hasta los dispensadores donde se pagaba el ticket para el tren al centro de la ciudad. Había una larga fila y alguien del aeropuerto se me acercó y en inglés automático me dijo "pase por allá" señaló unos torniquetes "sólo ponga la tarjeta de crédito elija su destino y pase". Solo deslicé la tarjeta y en unos segundos mi ticket estaba pagado. Vaya orden y modernidad, tonterías como estas para mí ya era hacer turismo. "Siguiente tren 13:27" una veintisiete en mi reloj y el tren partía.

Lo más lejos que jamás he estado de mi hogar, podría decir que Oslo es la homóloga de Santiago en cuanto a cercanía al polo norte antecedente del cual sólo eran posibles dos resultados: o resultaba ser una ciudad muy parecida o una bastante opuesta. Ya en la calle, se notaba había llovido o nevado por los charcos en el suelo y se notaba que hacía frío porque eran charcos congelados, el pasto estaba cubierto por una tímida capa blanca y el aire seco y helado. Estaba despejado, el cielo en un azul vivo sosteniendo al sol, colgando como una lámpara de adorno. Caminaba por una avenida principal pero no había caos en ningún lado, ni atochamiento vehicular con sus adorables bocinas ni hordas de peatones atropellándose por llegar rápido a nadie sabe dónde. Había una amabilidad tácita de la gente, tal vez por sus edificios modernos pero sin arrogancia mezclados con construcciones más antiguas y encantadoras. Me sentía curiosamente cómodo, en un ambiente con un toque familiar, Oslo me recordaba el sur de Chile, a una ciudad provinciana pequeña cuyos habitantes nunca han visitado Santiago.

No había turistas y eso se nota de inmediato. Ningún grupo de japoneses liderados por un guía y su bandera, ningún americano sacándose fotos en poses divertidas, ningún europeo de pie por horas frente a un monumento tratando de fusionarse con él. El único caminando con la cámara fotográfica al cuello y una botella de agua en una mochila vacía era yo. "¡Chile! ¿y qué haces tan lejos?" me preguntó sorprendido un noruego que repartía volantes en la calle. Le dije que estaba de turista por Europa, que quería conocer lo más posible y así llegué hasta acá. No es lo que uno pensaría al hablar de exótico pero sin duda Noruega cae en esa definición. ¿Qué tan distinto es a Santiago, al resto del viejo continente?

No visité otra ciudad más amable que esta. Todo el mundo habla un inglés perfecto, dependientes de tiendas, el tipo de los volantes, el chofer de la micro, la gente del hotel, meseros, realmente impresionante. Ubicarme en las calles de Oslo fue inesperadamente sencillo, al par de horas ya no necesitaba consultar mi mapa y hasta los nombres de las calles se me hicieron familiares. El transporte público ni hablar, con precisión de reloj suizo funcionaban las micros que tenían la osadía de publicar sus tiempos de llegada en cada paradero y por supuesto llegaban en el tiempo exacto que informaban. No había filas en ningún lado, se notaba la ausencia de grandes masas de turistas. Y la temperatura, aunque muy fría perfecta acompañante para largas caminatas. Si escribiera este mismo párrafo pero reemplazando todo por sus antónimos entonces tendría la definición de Santiago de Chile.

Así es al otro lado del polo. Si acá abundan las ventanas enrejadas, allá las enormes casas plantadas en enormes prados totalmente abiertos a la calle. Acá sobran los malos humores y tanta gente con el enojo y la violencia a flor de piel, en Oslo parece que buscaran algo en qué ayudarte. Santiago, la capital del smog, del ruido, del apuro, Oslo, la capital de los cielos limpios, del silencio, de la pausa. A la hora del taco de vuelta a casa aparecen los bocinazos y los insultos a partir de las 7 de la tarde, mientras al otro lado del polo eran las 4 de la tarde y a pesar del taco no se escuchaba ningún bocinazo. Y los peatones esperaban el verde para cruzar. Yo concluía "¡estos nórdicos se volvieron locos, están todos enfermos cómo diablos pueden vivir en una ciudad así!".

Comenzaba a nevar, caían copos como si fueran plumas lentamente y balanceándose con el fuerte y gélido viento marino. Rápidamente la ciudad se cubría de blanco e incrédulo tocaba mi chaqueta seca a pesar de la precipitación. Me detuve en una esquina y miré hacia arriba, qué imagen tan única ver caer la nieve en espirales hacia mi rostro y sentir que no te abruma como lo haría una tempestad pluvial. Cerré los ojos y recordé estar a casi 13 mil kilómetros de mi casa y sonreía por lo obvio de la situación, son 13 mil kilómetros en distancia y en tantas, tantas otras cosas.


miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ámsterdam y Mi Mayor Conflicto Mental

Desván Para Pensar

De Ámsterdam sabía lo que todo el mundo que no ha estado en la capital Holandesa sabe: El libertanaje, el barrio rojo, los cafés donde se fuma marihuana, la casa de Ana Frank. También algo de información por todos conocida adicional como que el fumar marihuana es permitido para bajar el consumo de drogas duras y no por las libertades individuales y que el gobierno ya ha reconocido que el tráfico de personas debido a los barrios rojos es un problema a gran escala y que ha traído además tráfico de drogas y otros crímenes. Todo ese panorama por el cual Ámsterdam es famosa iba a enfrentarme, era la única ciudad en todo mi itinerario que visitaría sin estar un 100% convencido de querer ir. Pero tenía que ir.

Eran algo así como las 11 cuando el tren se detuvo en la Centraal Station y lo primero que uno debe saber es cómo llegar de las estaciones o aeropuertos a tu hotel, hostal o lo que sea, yo tenía dos alternativas: o caminar las 20 cuadras hasta mi destino o tomar el Tram, ambas alternativas interesantes para comenzar a conocer la ciudad. Al salir de la estación noté un puente y caminé hacia él mientras trataba de adivinar dónde pagar y subirme al Tram. Sin embargo apenas llegué al puente se me olvidó lo de ir pasear en tranvía y de inmediato me puse a caminar por las calles de Ámsterdam. Un río cristalino, plácido, a ambos lados veredas no más anchas que un auto servían para acompañarlo a una altura no más de un metro de poder tocar sus aguas. Por él transitaban las personas con una calma más allá de cualquier meditación oriental en un silencio suavizante y cientos de bicicletas aparcadas en las paredes de las altas y delgadas casas que son las que describiría en una utopía soñada, preciosas, de cuento, frente a un río transparente y un ambiente relajante. Todo el trayecto fue así. Todo era tan puro, tan pacífico, uno creería que la gente sólo se dedica a pasear, a conversar un té, a sentarse y mojarse los pies en el canal, a recorrer kilómetros en bicicleta con toda la familia o tomados de la mano con el amor de tu vida. Muy pocas veces en la vida había sentido tanta paz, tan cerca de estar caminando sobre nubes.

Me preguntaba durante el trayecto ¿Esto es Ámsterdam? no lo podía creer, toda esa publicidad se me hacía tan falsa imposible de creer ¿en esta ciudad? y sin duda vinieron a mi mente por primera vez cuestionamientos a mi propia manera de pensar y de ver la vida y la libertad. Disfrutaba esta ciudad de día y no pude sacarme de la mente la idea de que en la noche o en cierto barrio Ámsterdam fuera la ciudad de las luces rojas y los cafés verdes, el símbolo de las libertades. Ese contraste me descolocó. Viviría aquí con gusto, pero es la misma ciudad donde encerraron a los fumadores de canabis en cafés para evitar disturbios en las calles, me imagino ir al trabajo en bicicleta por estos senderos, pero el barrio rojo contaminado por el tráfico de personas, qué arquitectura encantadora, no, no me molesta en lo absoluto que la gente fume lo que quiera y compre los servicios que quiera esa es y será siempre mi visión de mundo. Pero trae consecuencias y por primera vez me daba cuenta de ellas.

Pensaba en el lejano Santiago de Chile, allá sí, me convencí, De Wallen, cafés, allá no hay problema total es una ciudad cualquiera donde nadie sueña con vivir. ¿Pero por qué acá en Ámsterdam? El malestar filosófico hacia mis propias reflexiones se convertía en una lucha sin salida y me lo planteé tal cual "El barrio rojo y la marihuana destruyeron esta ciudad" y fue como si me pusieran un fierro caliente al cerebro, dudaba de todo en ese momento, de lo que siempre defiendo, de lo que veía. No hay otro lugar donde se viva más libre, reflexionaba, pero cuánta coincidencia en que los costos de aquello los tiene que asumir Ámsterdam que me tenía maravillado con su paisaje y su armonía.

Una de las cosas que me quedó más plasmadas de mi viaje ha sido esta discusión con mi yo mismo. Hasta hoy no la he resuelto, nunca la resolveré porque representa el combate de dos conceptos de los cuales estoy muy convencido. Ámsterdam sería la ciudad donde la humanidad debería terminar luego de morir pero la siento destruida por su propia libertad / Si alguien quiere fumar, que fume, si alguien quiere una prostituta, que la tenga, cuándo quiera, dónde quiera. Y al leer esto amigo lector debe estar pensando "cómo tan pacato, Ámsterdam es para ir de fiesta y hacer todo lo que en mi país no se puede" y yo creo eso, no, es así, el mundo debería ser un lugar donde cada uno haga lo que quiera, ¿aborto? ahí tienes, ¿eutanasía? tómala, ¿marihuana? yo tengo fuego. A pesar de todo eso pienso en Ámsterdam, en ese blanco y negro, en esa ciudad que encantado viviría todo el resto de mi vida pero no, no puedo porque se siente ultrajada no se merece todos los costos de la libertad. Ámsterdam no.

No puedo resolverlo aunque seguro, lector, usted ya lo hizo. "Soy un liberal, soy un conservador" y ya resolvió el problema. Así de fácil me resultaría "Soy un liberal" pero fui a Ámsterdam y me enfrenté al lugar más pacífico, más desenfrenado del planeta y sencillamente se me hace imposible poner a ambos en la misma ciudad. En esta ciudad.


domingo, 28 de noviembre de 2010

Madrid y Yo, el Pequeño Visitante

Desván Para Pensar

Estaba en la fila de policía internacional y delante mío un grupo de centroamericanas, baja estatura, piel tostada y acento llamativo. La última de ellas se presenta ante el oficial mientras yo escucho toda la conversación. Le preguntó de todo, con quién venía, cuánto tiempo se quedaría, motivos del viaje, cuánto dinero traía, documentos que acreditaran su viaje de vuelta y así y todo el policía no la deja pasar y la envía con otros oficiales a otro sector del aeropuerto. Me tocaba a mí, algo nervioso porque se mezclaban mis primeras horas en Europa con este antecedente migratorio. El policía mira mi pasaporte, me mira a mí, timbra el pasaporte y me deja pasar sin cruzar palabra. Luego seguí las direcciones a la cinta del equipaje y a medio camino me encuentro con que para ir a ese sector hay que tomar un tren subterráneo. ¡Un tren! ¡para ir de un lado a otro del aeropuerto! y descubrí que se trata solo de una cuarta parte del aeropuerto. No me había bajado totalmente del avión y ya estaba impresionado, Madrid es la puerta de entrada perfecta para impresionarse con Europa y con razón si ya en una hora había experimentado de primera mano su grandeza y su selectiva discriminación.

Fascinante desde el aeropuerto en adelante. Pensar que desde Chile somos tan engreídos como para decir que "son lo más malo de Europa" es como ser piedra y criticar un diamante ¿qué tanto si es el peor de los diamantes?" arrogancia que se termina apenas te das cuenta que para observarlo todo tienes que mirar hacia arriba porque te sientes pequeño en todos lados. Mi primera experiencia de ese tipo fue en el Museo Reina Sofía en el que tuve que hacer fila para entrar ¿en cuál museo de Santiago he hecho fila para entrar? no lo pude recordar. Había una biblioteca enorme, un café moderno y el museo en cuya entrada se encontraban disponibles las audioguías. La recepcionista de aquél puesto explicaba a una pareja en inglés cómo hacer funcionar el aparato y luego se lo explicó en francés a otra persona y después en alemán o algo así al anterior a mí. Otro golpe directo del primer mundo a mi latina forma de pensar porque ¿ella? ¿una simple encargada de audífonos? ¿para qué hablar inglés? y aunque después me referiré a este tema con más detalle si hay algo que me dejó esta visita es que a los 26 años yo me sorprendía y maravillaba con las mismas obras de arte que los niños pequeños que visitaban el museo ese día, escuchaban las mismas explicaciones que yo por audioguía y a diferencia mía ellos van a discutirlo en el colegio, el profesor les dará más detalles y van a volver con seguridad. Triste pensaba en Chile y en los niños que crecen viendo grafitis en las paredes de sus barrios.
 
Cae la noche y me dirijo a la Puerta del Sol y a recorrer sus alrededores, fue mi primera salida nocturna en el viejo continente y coincidió justo con Halloween así que me encontré con la plaza repleta, llena de vida, todo el mundo celebrando, personas de todos los colores, locales y turistas, algunos disfrazados, pero todo el mundo en la calle, esa noche los autos debían tener paciencia para circular por las calles aledañas y todo parecía tan normal que me dio la impresión de estar una noche de fin de semana cualquiera. Estoy seguro que así fue. hombres con hombres y mujeres con mujeres caminando juntos de la mano, gente tomando alcohol en la calle sin ponerse violentos, muchos comiendo en las calles, hasta prostitutas en plena calle "¿vamos a follar?", era Madrid diciendo Bienvenido a Europa. Y yo, con el cuello adolorido tanto mirar hacia arriba, asombrado de estar tan sorprendido.

viernes, 15 de octubre de 2010

Blog Action Day 10': Agua

Rincón de los Relatos
Nota: Como todos los años, el 15 de Octubre fue declarado por las comunidades online como el dia de acción del Blog en el que llaman a los blogeros del mundo a hablar sobre un mismo tema de interés mundial. Este año propusieron hablar sobre "Agua". Recordé de inmediato una anécdota universitaria. Un profesor de un ramo con intensión filosófica dijo "las guerras en el futuro serán por agua" con su voz y acento tan graciosamente imitado por mis compañeros sonaba absurdo, tanto que fue objeto de risas por lo menos durante un par de años. Todavía me da risa, aún lo veo como una tontería. Yo creo que de acabarse el agua va a pasar lo mismo que con todos los bienes escasos y valiosos en este mundo.

EL NUEVO CICLO
Las nubes negras invadían el cielo, corría un viento suave, cálido y silencioso. Los granjeros conocían muy bien el clima y se preparaban para la cosecha. Tom, dueño de la finca, dirigía a su familia, sus 3 hijos, su señora y su hermano, para los preparativos y evitar perder una sola gota de la lluvia que arreciaba. Arropados con impermeables salieron de la casa y corrieron al silo donde guardan las máquinas recolectoras, unas viejas torres sin embargo funcionales todavía aunque como consecuencia muy pesadas. Cada familiar acarreó lentamente una máquina al exterior y una vez enganchada al suelo comenzaron a ensamblarlas con la agilidad y fluidez de un acróbata experimentado. Caían las primeras gotas y al mismo tiempo las torres se encendían. Emitían un ruido ensordecedor y monótono, dulce para los oídos de los granjeros que esperaban junto a sus máquinas el momento en que empezaran a trabajar. Guardianes junto a su tesoro más preciado dispuestos a saltar frente a ellas si alguien les intentara balear. Llovía fuerte y sobre las torres se armaban verdaderos remolinos que atraían toda el agua que pasaba cerca de ellos para ser arrastradas directamente a los enormes contenedores ubicados más abajo. La pericia de los granjeros era tal que ninguna gota dentro de su pequeña finca caía al suelo. La tormenta fue torrencial y las torres casi llegan a su tope máximo, cinco mil litros y un poco más habían logrado reunir en toda la jornada, la mejor desde hace más de siete meses. Tanta fue su alegría que cada uno sacó con sus manos lo suficiente para brindar con un sorbo de agua-lluvia.

Edward Goldwater sostenía un vaso de agua pura entre sus dedos, la miraba, cataba su liquidez, su densidad perfecta, transparencia cristalina, tenía por costumbre hacerlo todos los días mientras se paraba frente a la ventana del piso cincuenta del edificio corporativo de su empresa acuífera. Sonó su teléfono al que contestó con sólo volverle la vista. “Señor” llamaba un hombre “otra vez están los manifestantes” y al retirarle la mirada la llamada se cortó. Después de todo era lo mismo de siempre. Edward quizás los esperaba todas las mañanas, para leer sus carteles luminosos “devuelve el agua”, “precios justos por agua más pura”, “Sus 40 no son los nuevos 60”. Quizás los esperaba con el vaso de agua pura en la mano para provocarlos. Lentamente bebía el agua totalmente insípida para luego alzar el vaso vacío y ofrecer un brindis a los manifestantes llenos de energías pero que desde su ventana tenían el tamaño de unas hormigas.
¡Tienes que estar bromeando! – vociferaba un hombre mirando televisión en un bar.
Esto no se va a detener nunca caballero y más encima es cada vez menos pura – comentaba el barman tratando inútilmente de limpiar un jarro cervecero con un paño seco.
-  Ni que lo diga amigo ¿se acuerda que antes hasta se podía comprar Potable 100? – lo decía sin apartar la vista del televisor donde mostraban imágenes de personas llenando bidones con un agua algo turbia que les entregaba un camión municipal.
Dicen que no la venden más porque la lluvia viene demasiado sucia – dijo el barman recordando un dato que escuchó de otro cliente. El otro sólo se limitó a observar su resto de cerveza y reía por lo mucho que había pagado por ella.
La hacen con Potable 40 pero no puede negar que es buena a pesar del precio – intuyó el barman sin convencer del todo a su parroquiano que miraba su vaso con cierta nostalgia.
¡Cómo le va Gastón! – un hombre que entraba al local llamaba al barman por su nombre.
¡Amigo Jorge! Un traguito para compartir con el caballero – le extendió un tarro de cerveza de la misma calidad que el del ya sentado tras la barra.
Bien me viene fíjese, el negocio está cada vez peor – lamentaba aunque sin amargura.
¿A qué se dedica usted?- preguntó el cliente al recién llegado.
Reciclaje- bebió un trago y continuó- saco agua de donde sea y se la vendo a Goldwater-
Esos ladrones- reclamó el barman- cada vez está más cara la cerveza por su culpa, hace un año que no tengo nada mejor que potable 50- seguía restregando el jarro de cerveza sacándole chispas de tanta aridez.
Me lo dice a mí, me compran cada vez más barato porque dicen que la calidad del agua ha bajado- terminado el trago golpeó el vaso con violencia en la barra- ¡es agua para reciclar maldita sea, cómo diablos esperan que esté limpia!- sacó un paño de algodón del bolsillo para limpiar la poca cerveza que derramó con el golpe y lo volvió a guardar cuidadosamente.
¿Está lleno el baño?- preguntó Jorge repentinamente calmado.
- Justo vienes a tiempo, pasa-
 - Gracias- sacó entonces un bidón de lata y se dirigió directo al baño. El barman seguía restregando y veía a su cliente observar a Jorge con curiosidad.
Para su suerte- decía al cliente indicándole al tipo del bidón- la cerveza todavía conserva sus propiedades diuréticas así los bares se convierten en minas de oro para los recicladores- El hombre miró su cerveza con cierta inquietud, levantó los hombros y sorbió hasta la última gota.