OCACIONALMENTE ALGO INTERESANTE

martes, 14 de febrero de 2017

Constante

Rincón de los Relatos
La batalla estaba perdida desde el principio y por suerte un manojo de rebeldes lo sabía. La fructífera perla azul arrancaba su brillo eterno con manos rabiosas, ínfulas de diosa invencible y determinación avasalladora. Preocupados del brillo de nuestros propios reflejos nos fue imposible si quiera darnos cuenta del casi fatídico final de nuestro otrora hogar y tuvimos que correr por primera vez con los depredadores a nuestras espaldas. Heladas infernales y crudos veranos, volcanes con precisión milimétrica y grietas engulléndonos famélicas, desiertos quitándonos el agua de las manos y tormentas de nieve rancia, todos nos obligaron a salir disparados hacia el espacio sin ningún rumbo ni destino más que seguir la marcha y agradecer día a día poder levantarnos para seguir la marcha un día más. Y otro día y mes y año y décadas y siglos.

 Así al menos es la historia porque los recuerdos de épocas antes de nuestro huevo metálico en el espacio se han perdido casi todos y los que quedan están rodeados de misticismo e incredulidades. Ese pasado impreso en los suelos de la Tierra donde se cuenta que el cielo a veces era azul y a veces verde, de jornadas eternas bajo una estrella placentera, incluso se dice que los niños agarraban tierra a puñados para comer de la misma fuente como si sospecharan que era un platillo tan exclusivo, tan infinitamente delicioso. “Algún día llegaremos a probar uno igual” me dice Jofisena mientras trotamos por el sendero de la plaza visiblemente exhausta por mi actitud depresiva.


Antes era un recuerdo lejano, de cuando le hacía preguntas incómodas a mamá “¿de verdad los árboles salían solos del piso?”, “¿de verdad tenían lagunas kilométricas?” “¿de verdad podías viajar por días sin recorrerla por completo?” y cosas así. Cuando preguntaba sobre los puñados de tierra solía decirme “Tranquilo, vamos derecho para allá. Además dicen que tenía mal sabor” como creerle algo así si todos los niños lo hacían. La voz de mi madre se pierde con todas las personas que me han dicho lo mismo. Cuando la cúpula de la nave comienza a simular el amanecer lo primero que todos hacemos es mirar por las ventanas y verificar que todo siga negro. Eso nos calma, nos dice que seguimos en camino.


Mientras más crecía y más responsabilidades adquiría me fue importando menos el asunto de la tierra y los amaneceres sintéticos. Con mi mente ocupada en la academia de ingenieros mecánicos y luego en mis primeros empleos empecé a buscar las maneras de hacer mejor mi trabajo, de ganar más dinero para comprar un departamento en la punta de la nave, de ascender a jefe de ingenieros y luego: ver crecer a mi hijo para convertirse en ingeniero y en jefe de ingenieros todo más rápido que yo,  ocupar mi tiempo libre en el trote o en el fútbol, emborracharme con mis excompañeros de academia. Empecé a mirarme al espejo más seguido, no soportaba ganar peso o verme con ojeras o perder el cabello y llené mi calendario de sesiones y ejercicios y eso es lo primero que hago en la mañana y lo último al despuntar la Luna virtual. Hace muchísimo tiempo dejé de mirar la ventana al espacio exterior.

“La nave va hacia allá hijo” a pesar de que han pasado 40 años de su muerte sueño con la voz de mi madre prometiendo el puñado de tierra al final del camino. Es algo reciente, ahora que estoy retirado viviendo solo en mi enorme departamento a metros del gran ventanal del frente de la nave. Cuando era niño quería que viviéramos aquí para ser los primeros en ver el nuevo planeta. Cuando lo conseguí ya no era el mismo, estaba contento por escapar de los pedestres barrios pegados a los enormes y ruidosos motores traseros. El aire sintético me parecía más limpio de este lado del mundo.

“La nave va hacia allá hijo” estoy seguro será lo último que escuche antes de morir. Hasta entonces, saldré todos los días de mi casa recorriendo a pie los 20 kilómetros de largo de la humanidad sobreviviente hasta llegar a la muralla metálica que nos separa de los motores. Soy el único ahí, sentado escuchando el constante sonido del viaje, el bramido del homo sapiens en medio de años luz de nada.

Acá se escuchan fuerte pero he notado que el rumor de los motores se oye hasta la punta de la nave. Es lo que nos mantiene con vida. Saber que los días siguen pasando. Los motores continúan encendidos. La nave nunca detendrá su avanzar constante. Por los siglos de los siglos.

miércoles, 1 de junio de 2016

Volver Allí

Rincón de los Relatos


El día comienza con un gris invernal casi tocando el suelo, se respira el aire frío, la gente camina agachada buscando el calor del suelo mientras el bramido de su cuerpo herido por el sueño escaso deja escapar los humos del alma cansada. Mi automóvil espera apacible mi llegada y abre sus puertas al contacto mínimo, relincha de alegría y avanza hacia la fila de incontables luces rojas. Cada paso parece salido de un esfuerzo mal utilizado, un exceso de fuerza cinética nos impulsa a todos desear con desesperación unir esas líneas discontinuas en un río navegable. Los gritos no se dejan esconder, la selva habla, los monos chillan con sus gargantas de acero en busca de un dominio imposible, camaleones eléctricos cambias sus colores a un ritmo democrático y en su afán de jueces se llevan los insultos de sus gobernados cuando se ruborizan de vergüenza al tener que prohibir ¡maldito seas! le gritan los elefantes que de elegantes nada tienen cuando empujan al resto por un lugar contaminando los suelos con sus heces grandilocuentes y pestilentes.


El reloj, militar dictador, a paso redoblado avanza sin piedad amenazando con castigos ejemplares a quien llegue tardío y sin demora el miedo nos invade a todos y rugimos desesperados ¡déjame pasar! y vemos nuestra piel desgarrada por el minutero torturador ¡rápido que no llego! se repite mil veces el eco urgido y es tanta la rabia que algunos no aguantan y chocan sus cascos metálicos para echarse a pelear y el humo se hace irrespirable y se pone a llover y el reloj ¡un dos tres, un dos tres, de frenteeee! y las luces rojas brillan más fuerte y la energía arde en nuestros cuerpos ¡no llegaremos a tiempo, no lo haremos! gritamos todos sabiendo que a nadie le importa, creyendo que a todos deberíamos importarles.


Todo para llegar al fin, al filo de la hora como tantas mañanas, a esperar el lento pasar de un día más para poder volver allí

martes, 10 de noviembre de 2015

Amor Sintético

Rincón de los Relatos

En los rápidos tiempos del presente, en los tecnológicos tiempos del presente, en los impersonales tiempos del presente, pocos momentos hay para sentarse en la banca de una plaza y entablar una conversación espontánea con alguien que te vaya enamorando tan lentamente que la historia se hace imperceptible y la anécdota maravillosa. No, hoy las almas solitarias abundan y miran sus manos vacías que sosteniendo un aparato electrónico se han olvidado que les gusta más tomarse de otras manos. Y así, como cuando el hombre tuvo sed a alguien se le ocurrió darle de beber Coca-cola, un séquito de sanguijuelas, sin duda brillantes, inventó el mercado del amor sintético.


“Somos Románticos (SOMRO)” fue el primer emprendimiento del rubro y su idea era sencilla. Buscaban parejas de enamorados, que hirvieran de amor, y les ofrecían grandes sumas de dinero para extraerles un poco de ese sentimiento y llevarlos a sus fábricas en un proceso patentado y bajo estricto secreto. En pocas semanas presentaron una botella de refresco rojo, “The L-ixir”, que prometía al tan solo beberlo recrear el mismo sentimiento de amor que experimenta una pareja de novios. Fue un boom.

Como la peste negra, las “start-up” románticas aparecían por todos lados y tantas fracasaron y tantas llegaron al éxito hasta finalmente consolidarse como una industria sería, respetada y poderosa porque después de todo ¿quién no querría un poco de amor al alcance de un anaquel de supermercado? La verdadera expansión del amor sintético no llegaría realmente hasta la creación de “LOSE”, Love Stock Exchange o Bolsa de Valores del Amor para los poco entendidos. 

El 5 de marzo de hace cincuenta años se abrieron las primeras transacciones con aquellas empresas que habían logrado sintetizar diferentes formas de amor en variados productos como bebidas, dulces, chocolates e incluso ingredientes para comidas y pizzas congeladas. El mercado de acciones comenzó representado en ese entonces por cien compañías estando “Amor Filial (AMFIL)”, “Love To Give (LUV2G)” y “Abrazando con Cariño (ABRAC)” entre las tres que más transaron en la inauguración en un descontrol de ventas intrazable. También las empresas más modestas dentro del índice tuvieron un éxito descontrolado es cosa de ver el caso de la pequeña pero poderosa “Amor Secundario (AMOR2)” que partió con acciones a un valor de 12 dólares y solo ese día, prometiendo a sus clientes diez minutos de amor de amante sin tener amante con cada chicle, elevó su valuación a 1.000 dólares por acción. Los fundadores felices con sus triunfantes empresas y los solitarios rebosantes de alegría sabiendo que el tan esquivo amor estaba esperando florecer al destape de una botella. La industria perfecta.

El Presidente ejecutivo de AMFIL, Gregorio Reyes, padre de 12 hijos, comienza relatando en una famosa entrevista: “tener doce hijos en tu casa cuando son chicos, cuando el mayor apenas está en primer año de universidad, demanda todo tu tiempo y tu cariño y créeme, yo los amo a todos y mucho” a dos meses de que LOSE empecerá sus funciones, y Reyes continuaba “pero cuando es tu hijo menor el que lanza el birrete al cielo para comenzar su propia vida, sientes nostalgia y te encuentras de sorpresa con una cantidad de tiempo y dedicación sin nadie a quién entregarla. De ahí nacieron las primeras luces de sintetizar el amor hacia los hijos y comencé a entender que el amor no se diferencia de ningún otro producto que produce placer. Porque dejémoslo en claro: el amor es algo bueno, un bien, y es intercambiable, es decir lo hacemos todos, todos los días cuando damos un beso, cuando tomamos la mano del otro, cuando palmoteamos una espalda en señal de aliento.”

El dilema para las fundadoras de LOSE nunca fue ético sino económico. ¿Cuánto vale una lata de refresco de amor filial sintético de AMFIL? ¿Cuánto amor representa una taza de café de ABRAC? Sin duda parece algo imposible de medir a primera vista pero Tanaka Natzumi, socia fundadora de “Soul Feed (SFEED)”, lo aclara muy buen en el artículo del “Journal” de Amor Económico. “Si bien el concepto Amor no se puede medir y por lo tanto tampoco transar, los gestos que uno interpreta como amor son más concretos. Por ejemplo, si usted observa a dos personas caminando por la calle, por separado, su valor de amor sin conocer otro antecedente, es cero. Pero si los viese caminar de la mano de inmediato supone la presencia de amor y si los ve besándose entonces ese valor sin duda aumenta, sin duda la pareja besándose representa un amor más ‘caro’ que aquellos que solo se toman de la mano.”

Así SFEED se especializa en comercializar humus para el amor espiritual, LUV2G el amor sintético por el cuidado hacia las mascotas en chocolate, ABRAC en abrazos en bolsas de té y así. Es de memoria colectiva la publicidad de LUV2G donde aparece una niña alérgica a los pelajes de todas las mascotas que sus padres le llevan hasta que un día llegan con una caja con el logo de la empresa a la casa, la niña la abre y en su interior encuentra una suculenta barra de chocolate con forma de canino que al comer tan solo un cachito te impregna del mismo amor que sientes al tener y cuidar a un cachorro. No es tener un perro sin embargo la sensación es la misma y la niña no nota la diferencia y el precio, mucho más conveniente y el producto, mucho más duradero. “El amor de un ¡guau! ¡guau! en un ¡ñam! ¡ñam!”. La popularidad fue tal que los dueños de LUV2G rápidamente treparon a estar entre los más grandes millonarios ¡billonarios! del mundo.

El problema es que no era real y no se trata de un problema del alma ni mucho menos. AMFIL entrega amor de familia a las personas que no tienen familia y cada vez más las personas prefieren la sencilla y poco comprometida versión de AMFIL a una familia verdadera. El temor de algunos especialistas se basa en que todas las empresas usan como materia prima el amor real y si el crecimiento de compañías como AMFIL sigue a su ritmo actual el amor real se hará más escaso elevando los costos de producción y dejando entonces al amor como un producto lujoso solo disponible para los más ricos de la sociedad. A pesar de ello a las empresas LOSE le importa un rábano. En un panel de televisión, Geraldine Troper, sicóloga y enemiga pública de LOSE le hablaba de frente y agresiva al presidente de “Sincrolips (KISSX) Gabriel Stange: “usted cuenta con que vivamos cada vez más en un mundo impersonal y distante, por usted ojalá estemos conectados para siempre a nuestros computadores con una caja de besos lista para consumir a nuestro lado como si el amor y el cariño fuesen bienes de consumo reducibles a una pastilla de menta.”. El irónico e irritante Stange le contesta “digamos que quiero un abrazo suyo ¿cuánto debería pagarle?” indignada la sicóloga le responde “¡por nada del mundo le daría un abrazo a un tipo desagradable como usted!” entonces él le sonrió y le dijo “y si hacemos las paces, si decido cerrar mi compañía de 30 billones de dólares y unirme a su causa, ¿usted lo haría?” Geraldine lo pensó un momento y contestó “si usted se uniera de corazón a mi causa, le daría un abrazo” Stange se echó para atrás en su silla y triunfante y burlesco le respondió “¿lo ve? le hemos puesto un valor a nuestro abrazo”.

Debo reconocerlo, detesto tanto mi trabajo que recurrí a los suculentos productos de “Pasión Por Lo Que Hacemos (PPLQH)” cuya venta de amor por el trabajo sintético en ruedas de cereal me parece sumamente conveniente y bien pensado. Antes de PPLQH pensaba que para amar lo que uno hace había que pasarse la vida experimentando y buscando el trabajo ideal, la pasión por la profesión, la vocación, pero es tan simple como comprar unas cajas de amor para el desayuno y listo. Ahora amo lo que hago, me encanta ir a la oficina y pasarme horas frente al computador realizando las tareas más aburridas del planeta para hacer millonario al tipo que desprecio. También entendí a mi novia cuando me dijo que había comprado amor de amante brindado por AMOR2. No me está engañando, no está viendo a nadie más es solo un empaque con cariño falso. ¿O no? ¿Realmente amo mi trabajo es solo las deliciosas hojuelas con azúcar las que me hacen creer?

Después de cuatro décadas de consumir cereal y yendo al mismo trabajo ¿qué ha cambiado? No sabría describirlo bien. Me recuerda a la época cuando el aire se apoderaba de las bolsas de papas fritas porque siento que debo comer más cada mañana para sentirme satisfecho, no de hambre sino de ganas por ir a mi trabajo. Manejar hasta la oficina se me hace difícil y ocasionalmente se me abre el apetito por bajar el vidrio del auto y gritar fuerte, no sé cómo describirlo, cómo llamarlo. A la hora de almuerzo un colega me pasó un pote lleno de humus de aspecto pálido y deslavado “un cucharón grande en la mañana y te vas a calmar” me dijo. Tres años después necesitaba de dos cucharones. Luego de tres.

Ya no puedo comprar más cereales de PPLQH o tendría que gastar más de un tercio de mi salario en desayuno y ni hablar del humus de SFEED que está a precio de diamantes. No queda de otra que comprar los productos más baratos fabricados con los remanentes de amor real de las grandes compañías. Las comidas “light” bajas en amor y las “zero”, ya puramente sintéticas, son casi lo único que se ve y aunque a la larga te acostumbras sabes que beber litros de jugo de naranja light de “Abrazos al Costo” para sentir un poco de cariño es humillante.

No recuerdo cual fue pero hace un mes la última compañía de la desaparecida LOSE se fue a bancarrota. La imposibilidad de conseguir materia prima, o sea amor real, fue una carga imposible de sobrellevar. ¿Qué hacer ahora? Apenas tenía cinco años cuando consumí mi primer pedazo de amor sintético y muy pocos deben recordar el mundo antes de eso. Ahora se ve a los jóvenes bebiendo litros de “Darling Spirits” que combina el amor sintético con alcohol para aumentar el efecto y a otros ensimismados con la nueva moda de conectarse a los simuladores de amor sintético disponibles en internet. ¿Cómo diantres se puede simular algo sintético? Me moriré sin saberlo, un viejo patético añorando en sus últimos días una tacita de té caliente de ABRAC.

viernes, 28 de agosto de 2015

Adormecida

Rincón de los Relatos

“¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Avísame si me escuchas… ¿alguien en casa?”
Aunque es imposible, él jura escuchar el sonido. Metal contra metal. En realidad es la imagen del contacto entre la pica y el mineral. Se imagina el ruido. Esas notas de guitarra solitaria al principio, la voz suave del cantante esperando explotar en medio de la canción. Se siente ahogado, entumecido, magníficamente bajo un manto de agua, dulce, pura.

“Relájate… necesito algo de información, nada más algo básico… ¿dónde te duele?”
El corazón, el centro mismo de la vida se ha ido y ahora soy una perla opaca, dura y tosca cuando es mis mejores tiempos… sí… azul, llena de sueños y esperanzas de un mundo de paz, uno eterno. Pero no fui capaz y ahora debo estirar mis brazos hacia la oscuridad gélida y aterradora en busca del color perdido. Para devolver a los rostros de mis queridos hijos el fuego de la vida que han perdido.

“No hay dolor, te estás desvaneciendo. Una nave humeando en el horizonte… solo llegas en pequeñas olas”
Él levantó la vista y la vio brotar del agujero. Había derrotado a la dura barrera de hierro del asteroide y desde su centro, un centro acaramelado, un centro con la fuente de la supervivencia. ¡Agua! Grita mientras manipula el tubo aspiradora que emerge desde su nave para llevarse la mercancía. Cada mililitro del suculento botín es un placer mil veces mejor que cualquier droga y cuando por la manguera corre el líquido presuroso hacia su tanque siente cómo penetra hasta su estanque y cierra los ojos imaginando humedecerse en una tina llena de agua hasta al tope.

“¿Te puedes poner de pie? Presiento que está resultando bien, tanto que puedes continuar tu show, ¡vamos! ¡Es tiempo de seguir!”
En mi superficie ya no es posible sustentar la vida. Lo hicieron, lo lograron, soy una extensa planicie de barro seco y fracturado. Cuánto rojo se ha derramado por un poco de transparente y ya no se trata de bombas y balas ya no hay para eso. Niños luchan con juncos muertos hasta dejarse paralizados, mujeres se golpean hasta perder el aliento, hombres se pasan el día recogiendo piedras que ayer fueron usadas para tumbar a otro. Es patético cuando se reúnen a esperar las naves que en ocasión vuelven del espacio con sus tanques llenos de agua cosechada en fríos campos rocosos. Elevan sus manos pidiendo piedad, perdón a un Dios que ya se aburrió de las súplicas, entonces los pilotos abren sus compuertas y dejan caer la lluvia vital y empiezan las pugnas porque ni en ese estado tan desesperado dejan de sonar los cráneos aplastados ¡qué sonido tan macabro! ¡La sangre a borbotones! ¡la piel desgarrada! ¡los brazos hechos trizas tratando de agarrar con el puño un poco de agua y llevársela a la boca para retenerla ahí por horas!

“Cuando era un niño, vi un destello fugaz pasar por el borde de mis ojos… pero cuando me di vuelta ya se había ido”
El piloto se queda con un poco de agua para él y sin tocar suelo vuelve a elevarse para buscar más. Lleva años yendo y viniendo en ese pedazo de chatarra móvil que no ha dejado de oler a orina y a mierda y a transpiración y él mira sus manos sucias y su cuerpo con escaras de mugre y sus pies negros y rostro triste, miserable. Desde que recuerda nunca ha pisado suelo más que el oxidado metal de su nave extractora. Nunca ha visto más que negro y gris, debe ser mudo porque nunca ha hablado, debe ser uno de los últimos humanos porque nunca podrá interactuar con otro. Sabe que es peligroso. La mitad está esperándolo en Tierra para acribillarlo por un centilitro de agua y la otra para embestirlo con su nave hasta dejarlo varado en el espacio para apropiarse de un suculento y mojado asteroide.

“El niño ha crecido, el sueño ha terminado… y me he vuelto cómodamente adormecida”

Me pensaron generosa, me creyeron enorme. Me pensaron enorme, me creyeron infinita. Me pensaron infinita, me creyeron inagotable. Se pensaron únicos, se creyeron invencibles. Escupieron en mi piel su avaricia desmedida, su enervante ritmo taciturno me volvió también melancólica y me hizo pensar en la vida como una sucesión de cosas y eventos al azar sin sentido ni dirección, me convertí en una esfera girando a lo loco, moviéndose sin rumbo. Era poderosa, era respetada por todo el universo menos por estos necios autofílicos que se apoderaron de mi prestigio. Les di todo y ya no puedo más. Estoy helada por dentro, seca por fuera. Ya no puedo respirar. Mis preciosas montañas ahora son líneas planas, negras. Un silbido agudo y constante emerge por mis grietas adormecidas. Un par de naves regresan. Es darle sangre a gotas a un hombre que le han cortado los brazos y las piernas.