Rincón de los Relatos




Ya inmiscuidos en la rapidez de los nuevos tiempos las calles olían todas a vainilla y ají. La plaza parecía más pequeña rodeada de sombras altas y cuadradas y los ruidos de voces fuertes y motores galopantes le traían un aspecto vivo, colorido, de todos lados venían a visitar la nueva ciudad hermosa hasta la última viga mientras los niños del pueblo hacían fila frente al vendedor de corbatas de la plaza, repentinamente más popular que nunca.