En el espacio infinito, todos sus vacíos son el centro del universo
Frente a frente, los poderosos
imperios se enfrascan en la última de las batallas con sus ejércitos, los más inmensos
jamás concebidos. Dos inconmensurables cruceros estelares se ven las caras
dibujando una órbita mientras deciden quién da el primer paso. Pequeñas naves
emisarias van y vienen con sus láser enardecidos por calcinar una vida
contraria pero nadie hace el primer contacto. Al mando de una de ellas, Parjamaar Karelis
sujeta el timón con su dedo sobre el disparador esperando descargar la ira que
le dijeron que ella siente por el enemigo. Sobre una nave similar, Etrunn Reati
enfila su proa hacia los enemigos que le dijeron quieren destruir su forma de
vida.
Una órbita, la danza de dos esgrimas elegantes, decididas
Dios se estremece hasta sus entrañas
cuando es testigo de la primera descarga de frecuencia infrarroja cargada de un
calor que el mismo siente arder en su rostro. ¡Y las estrellas estallan en
metralla, el caos se ha instalado! Ni siquiera las oscuras fauces del espacio
acallan los gritos de dolor de los muertos y sus viudas pidiendo explicación a
los cielos y los cielos pidiendo explicación a los hombres y los hombres
amasando píldoras metálicas con los dientes para escupirlas por todo el
universo. Y Parjamaar contando, uno y dos y tres y excitada gira hacia su
estribor en 180 grados mientras se toca la entrepierna y dispara una y otra vez
gritando extasiada, derramando el orgasmo de la guerra entre los cañones de
plasma ardientes en placer victorioso.
Chispas de fuego cósmico, el grito final de la vida ahogado en la nada
Un estruendo espantoso surge del
centro del universo, de todo el universo. La entropía se acelera hastiada de
controlar su poder para mantener con vida a sus únicos seres pensantes. Incluso
con los cuerpos celestes siendo engullidos hacia la desaparición final, los últimos
dos bandos siguen escupiendo acero y rayos lumínicos. La ceguera de Etrunn ante
los fenómenos del universo que no le competen, le permite seguir con la danza
de la pelea. Hasta quedar finalmente solo él y su nave y las trazas
microscópicas de lo que alguna vez fue su nación. Hasta quedar finalmente solo
Parjamaar y su nave y el polvo estelar de lo que alguna vez fueron sus
compatriotas.
La humanidad se destruye por última vez, revoluciona el cosmos hasta
morir
Tiene que valer la pena el último
disparo, pensaron ambos y sus pensamientos llegaron el uno al otro porque a esta
altura ya nada más queda, ni estrellas ni vacío ni Dios ya vencido en la locura
por ver a su creación máxima destruida. El baile comienza con sus naves frente
a frente, nariz con nariz, imitando los movimientos del otro, giros, desplazamientos,
saltos y brincos, amenazas y arrepentimientos.
El viaje eléctrico ha terminado, pero el último pulso lo daremos
nosotros
¡Bum! La primera bala ha sido
disparada, no da en el blanco y comienza su viaje hacia lo eterno. ¡Bum! El primer
resplandor de rayos gamma ha sido disparado, no da en el blanco y su calor se
dispersa hacia el infinito. El intercambio entre Parjamaar y Etrunn es
incesante y sin piedad pero ambos, diestros en su arte, no se dejan golpear por
nada. Sin el universo, el tiempo se transforma en algo deforme y sin sentido y
sin el pasar de las horas, no hay hambre, no hay sueño, no hay calor ni hay
frío. Solo las dos naves descargando su furia, su ira de tantos y tantos
milenios ahora estancados en una sola batalla final… Hasta que la maquinaria se
rinde. Solo queda impulso para un movimiento más. Quedan de frente a una
distancia tan cercana que cubre todo el universo. Solo queda la última
arremetida y ambos revientan sus propulsores y avanzan hacia el centro del
cosmos sin desviarse, sin vacilar, sin pestañear siquiera. La fuerza de la
guerra que la humanidad ha sobrellevado desde siempre está a punto de colapsar
en una explosión nunca antes vista, que será el final, lo que defina al
universo por los siglos de los siglos que le quedan.
Big
¡¡Bang!!